Es un día como otro
cualquiera en el distrito 12. La gente baja a las minas a altas horas de la
mañana para poder alimentar a las familias. Algunos se dirigen al quemador para
intercambiar productos por otro de mas importancia. Otros se quedan en casa viendo
como sus hijos, padres, hermanos o madres se están muriendo a falta de
alimentos. E, incluso, los mas valientes, se atreven a subir a lo alto del
bosque para dedicarse a la caza furtiva y tener algo que poder llevarse a la
boca esa noche.
Por la pequeña
ventana de la panadería de mis padres, yo observa como un chico alto y dos años
mayor que yo se dirige hacia mi tienda. Era fuerte y musculoso. Llevaba una
camisa sucia, lo que dejaba pensar que no tenía mucha mas ropa para ponerse, y
unos pantalones de color verde. Sabía que se trataba un cliente más de los que
solo se pueden permitir una barra de pan de cuando en vez. De hecho, no era
lógico que se pasase por allí. Al día siguiente sería la cosecha. Sin embargo,
no iba a comprar nada, sino a dejar reservada una barra de pan para mañana por
la mañana.
-Hola.
-Hola.-le contesté
con una sonrisa.
-Venía a encargar
una barra de pan para mañana a primera hora, por favor.-dijo amablemente.
-Si. Necesito su
nombre para poder dárselo mañana a su destinatario.
-Ah, por supuesto.
Gale .
-Podría deletrearme
el apellido. No me gustaría apuntarlo mal.
-Claro. Sin
problema.
-O mejor, escríbalo
usted mismo.
Gale cogió el lápiz
rudamente y le costaba bastante escribir, como la mayoría de las personas que
viven en el distrito 12. Con una letras casi ilegible escribió: Hawthorne.
-Gracias. Mañana a
primera hora estará listo.
-Muchas gracias.
-De nada.
Se marchó con paso
firme y rápido con dirección a casa de los Everdeen. Según lo que tenía
entendido, la mayor de las hijas, Katniss, era una gran amiga suya y se
dedicaban a ir todos los domingos a una hora bastante temprana a cazar en
secreto. Tenían suerte de que los Vigilantes del Distrito 12 eran bastantes
benevolentes. Katniss era una de mis compañeras desde que éramos pequeños. De
hecho recuerdo como de dura y fuerte fue siempre. Hasta tal punto, de que en el
colegio andaba sola. A veces se encontraban nuestras miradas cuando yo la
miraba disimuladamente por el pasillo para entender porque le tenía tanta
repugnancia a la amistad. Volviendo al tema de Katniss-Gale tienen bastante en
común. De hecho se parecen hasta físicamente: ojos grises y cabello oscuro.
Podrían pasar por hermanos sin problemas. Además, sus padres murieron en el
mismo accidente cuando estalló una mina con todos los mineros dentro. Desde
entonces, parecen estar más unidos y lo entiendo.
Yo, sin embargo, me
paso la mayor parte del tiempo en el negocio familiar ayudando a mis padres en
todo lo que puedo. Yo los conservo a los dos, aunque, en diversa ocasiones, me
gustaría que mi madre desapareciera. Es demasiado dura y no tiene ningún tipo
de compasión. Por el contrario, mi padre era una persona alegre y risueña. Así
que era él el encargado de atender a los clientes que rara vez pasaban por
allí. Me alegro de haber heredado el carácter de mi padre porque así he
conocido a un montón de amigos en el colegio.
Después de pensarlo
mucho, me di cuenta de que probablemente lo quería para cambiarlo en el
quemador. Así conseguiría el suficiente alimento para sus hermanos. No desearía
que ninguno de ellos tuviera que ir a la gran matanza de los Juegos del Hambre.
Ahora es cuando me doy cuenta de que Gale aparece 42 veces este año gracias a
las teselas que ofrece el Capitolio a cambio de que aparezca mas veces tu
nombre en esa gran urna en la que, este año, Effie Trinket se encargará de
escoger a los dos jóvenes que representarán al Distrito 12 en los Septuagésimos
Juegos del Hambre. Es un concurso en el que gana el último superviviente
después de varios días de supervivencia a base de matar a tus contrincantes,
entre los que estará tu compañera de distrito y que puede ser, incluso, tu
hermano/a.
Se decretó que, cada
año, los doce distritos de Panem entregarían como tributos a un chico y una
chica de entre doce y dieciocho años para ser entrenados en el arte de la
supervivencia y para estar preparados para luchar a muerte. Después de días de
nervios y entrenamientos, los veinticuatro tributos elegidos en la Cosecha
deberán lanzarse a la Arena para luchar por sobrevivir. En este reality show no
hay reglas: los veinticuatro tributos, doce chicos y doce chicas de entre 12 y
18 años, deberán procurar su propia supervivencia encontrando sus propios
alimentos y matando a los demás. Este no es lugar para sentimientos de
concordia. Veintitrés tributos morirán. Sólo quedará uno.
Yo tan solo podía
pensar en la gran injusticia de ese concurso que se televisaba en todos los
distritos para que los familiares vieran como mataban a sus hijos. Sin embargo,
no era la única causa. La mayoría morían de deshidratación, congelación o,
incluso, insolación, ya que cada año la arena era diferente y te podías
encontrar cualquier obstáculo. Lo único que tenía claro era que no permitiría
que me cambiasen, que moriría siendo yo mismo.
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