lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 2.


Y llegó el día. El día en el que dos jóvenes de entre doce y dieciocho años estarán destinados a matar y a sobrevivir. La única ayuda que podría conseguir sería gracias a los patrocinadores, algo que supongo que me resultará fácil gracias a mi simpatía. Es lo único que puedo usar a mi favor. No sé luchar, no soy fuerte y sólo tengo mis habilidades para hacer pan, algo que no resulta útil cuando otros veintitrés concursantes están deseando acabar contigo. Aunque el deseo es recíproco. Si quieres volver a casa, ya sabes lo que debes hacer: matar o morir. Es lo único que vale.

Mientras desayunaba los pasteles que mi padre había cocinado ayer, me estaba mentalizando de todas mi posibilidades. En un principio, no veía ninguna.  Al cabo de un rato, seguía sin verlas. Lo que más me costaría sería matar a los otros tributos, ya que no puedo matar ni a una mosca. Sine embargo, hay gente en mi distrito que puede cazar, usar cuchillos, usar ramas de un árbol para hacer fuego, que tiene conocimientos sobre plantas, que puede derribarte de un puñetazo, que sabe como hacerte daño,… En mi distrito no hay mucha gente con tantos conocimientos y, en el caso de que los tengan, los aprendieron por libre, fuera de la escuela. Lo peor era que, por ejemplo, en distritos como el 2, entrenan a los niños desde que son muy pequeños para estos juegos. Saben matarte con un solo dedo tocándote en un punto exacto de tu cuerpo. Otros, como el 8, están familiarizados con las plantas, por lo que saben cuales deben comer y cuales te pueden matar. Yo no sabía nada de eso. En mi distrito los únicos conocimientos que adquirías eran relacionados con la minería.

Estaba totalmente dentro de mis pensamientos cuando llegó mi padre a la cocina y me mandó vestirme. En cuanto llegué a mi cuarto, pequeño y de color gris debido a la suciedad de las minas, vi encima de mi pequeña cama una camisa y unos pantalones que me ponía todos los años para este estúpido acontecimiento. Era demasiado pronto para ir en dirección a la plaza. No había podido dormir en toda la noche por los nervios y, cuando ya no podía más, me dirigía  la cocina para desayunar y poder mentalizarme de todo lo que pasaría hoy. Había dos opciones: que saliera escogido o que siguiera en el distrito 12. Si sucedía lo primero no podría hacer nada ya que nadie se presentaría voluntario para ocupar mi lugar como tributo. Eso sucedió hace muchos años y consiste en presentarte como tributo en lugar del que salió escogido de la urna. Son muy pocos los valientes capaces de hacerlo. Y ninguno de mis dos hermanos ocuparía mi lugar. La única ventaja que tendría sería que voy mejor alimentado que muchos de los jóvenes de este distrito. Si no saliera, me quedaría trabajando en el negocio familiar y vería como matan a los tributos, esto es, como los años pasados.

Aunque era el día de la cosecha, nada había cambiado. La gente se dirigía en grupos hacia la plaza mayor. Los padres despedían a sus hijos y rezaban para que no fuesen los escogidos. En el distrito 12 el único que había ganado algunos juegos fue un borracho que tendría que estar en el escenario cuando dijesen los nombre de los elegidos : Haymitch. Mientras seguía pensando en quien podría salir elegido pensé en mí. Eso me invadió de un sentimiento triste  pero tendría que asumirlo. Bajé a la cocina donde me esperaba mi madre preparada para hacer los panes encargados. El primero que hice fue el de Gale, ya que ayer parecía impaciente. Y, efectivamente, fue el primero en presentarse. Me preguntaba para que lo querría. Para comer antes de la cosecha. Para asegurarse de que su familia tuviera que llevarse a la boca si salía elegido,…. Sin embargo, recordé que había visto a Katniss subir hasta el bosque con ropa de caza: una cazadora que había heredado de su padre, unos pantalones viejos y unas botas rotas. No pertenecía a una familia rica y, en muchas ocasiones, se veía obligada a pedir teselas. Lo que más le importaba era su hermana Primrose. Pero todo cuidado tiene sus limitaciones. Mientras pensaba detenidamente, me había olvidado de la figura de Gale, plantado delante de mi esperando a que le diera el pan:

-¡Heyy! ¿Estás bien?- me preguntó.
-Emmmm… Sí, gracias.
-¿Y mi pan? Ya sé que es un día difícil pero me gustaría llegar a mi cita.
-Ah, si, claro. Aquí tienes.
-Gracias.

Le doy el pan y me retiro a mi cuarto. Al parecer, los Juegos me afectan más de lo que esperaba. Todos los años estaba nervioso pero este año lo estaba más que nunca. ¿Por qué? ¿Por qué me doy cuenta de las cosas?¿Porque hay mas probabilidades de que salga mi nombre en esa urna?¿Por qué?

Cuando salgo por la puerta de casa, me dirijo a la plaza con un solo pensamiento: "A mi no, por favor, a mí no".

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