Y llegó el día. El
día en el que dos jóvenes de entre doce y dieciocho años estarán destinados a
matar y a sobrevivir. La única ayuda que podría conseguir sería gracias a los
patrocinadores, algo que supongo que me resultará fácil gracias a mi simpatía. Es
lo único que puedo usar a mi favor. No sé luchar, no soy fuerte y sólo tengo
mis habilidades para hacer pan, algo que no resulta útil cuando otros
veintitrés concursantes están deseando acabar contigo. Aunque el deseo es
recíproco. Si quieres volver a casa, ya sabes lo que debes hacer: matar o
morir. Es lo único que vale.
Mientras desayunaba
los pasteles que mi padre había cocinado ayer, me estaba mentalizando de todas
mi posibilidades. En un principio, no veía ninguna. Al cabo de un rato, seguía sin verlas. Lo que
más me costaría sería matar a los otros tributos, ya que no puedo matar ni a
una mosca. Sine embargo, hay gente en mi distrito que puede cazar, usar
cuchillos, usar ramas de un árbol para hacer fuego, que tiene conocimientos
sobre plantas, que puede derribarte de un puñetazo, que sabe como hacerte
daño,… En mi distrito no hay mucha gente con tantos conocimientos y, en el caso
de que los tengan, los aprendieron por libre, fuera de la escuela. Lo peor era
que, por ejemplo, en distritos como el 2, entrenan a los niños desde que son
muy pequeños para estos juegos. Saben matarte con un solo dedo tocándote en un
punto exacto de tu cuerpo. Otros, como el 8, están familiarizados con las
plantas, por lo que saben cuales deben comer y cuales te pueden matar. Yo no
sabía nada de eso. En mi distrito los únicos conocimientos que adquirías eran
relacionados con la minería.
Estaba totalmente
dentro de mis pensamientos cuando llegó mi padre a la cocina y me mandó
vestirme. En cuanto llegué a mi cuarto, pequeño y de color gris debido a la
suciedad de las minas, vi encima de mi pequeña cama una camisa y unos
pantalones que me ponía todos los años para este estúpido acontecimiento. Era
demasiado pronto para ir en dirección a la plaza. No había podido dormir en
toda la noche por los nervios y, cuando ya no podía más, me dirigía la cocina para desayunar y poder mentalizarme
de todo lo que pasaría hoy. Había dos opciones: que saliera escogido o que
siguiera en el distrito 12. Si sucedía lo primero no podría hacer nada ya que
nadie se presentaría voluntario para ocupar mi lugar como tributo. Eso sucedió
hace muchos años y consiste en presentarte como tributo en lugar del que salió
escogido de la urna. Son muy pocos los valientes capaces de hacerlo. Y ninguno
de mis dos hermanos ocuparía mi lugar. La única ventaja que tendría sería que
voy mejor alimentado que muchos de los jóvenes de este distrito. Si no saliera,
me quedaría trabajando en el negocio familiar y vería como matan a los
tributos, esto es, como los años pasados.
Aunque era el día de
la cosecha, nada había cambiado. La gente se dirigía en grupos hacia la plaza
mayor. Los padres despedían a sus hijos y rezaban para que no fuesen los
escogidos. En el distrito 12 el único que había ganado algunos juegos fue un
borracho que tendría que estar en el escenario cuando dijesen los nombre de los
elegidos : Haymitch. Mientras seguía pensando en quien podría salir elegido
pensé en mí. Eso me invadió de un sentimiento triste pero tendría que asumirlo. Bajé a la cocina
donde me esperaba mi madre preparada para hacer los panes encargados. El
primero que hice fue el de Gale, ya que ayer parecía impaciente. Y,
efectivamente, fue el primero en presentarse. Me preguntaba para que lo
querría. Para comer antes de la cosecha. Para asegurarse de que su familia
tuviera que llevarse a la boca si salía elegido,…. Sin embargo, recordé que
había visto a Katniss subir hasta el bosque con ropa de caza: una cazadora que
había heredado de su padre, unos pantalones viejos y unas botas rotas. No
pertenecía a una familia rica y, en muchas ocasiones, se veía obligada a pedir
teselas. Lo que más le importaba era su hermana Primrose. Pero todo cuidado
tiene sus limitaciones. Mientras pensaba detenidamente, me había olvidado de la
figura de Gale, plantado delante de mi esperando a que le diera el pan:
-¡Heyy! ¿Estás
bien?- me preguntó.
-Emmmm… Sí, gracias.
-¿Y mi pan? Ya sé
que es un día difícil pero me gustaría llegar a mi cita.
-Ah, si, claro. Aquí
tienes.
-Gracias.
Le doy el pan y me
retiro a mi cuarto. Al parecer, los Juegos me afectan más de lo que esperaba.
Todos los años estaba nervioso pero este año lo estaba más que nunca. ¿Por qué?
¿Por qué me doy cuenta de las cosas?¿Porque hay mas probabilidades de que salga
mi nombre en esa urna?¿Por qué?
Cuando salgo por la
puerta de casa, me dirijo a la plaza con un solo pensamiento: "A mi no,
por favor, a mí no".
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