martes, 10 de julio de 2012

Capítulo 10.


Seguían pasando los días y, con ellos, las ganas de acabar con todo aquello de una vez. Quería volver a mi casa, abrazar a mi padre, cocinar como siempre lo había hecho, pasear por las calles con los compañeros de instituto,…. Quería volver a ser el mismo de antes, el que nunca se preocupaba por nada y que andaba sonriendo cada vez que alguien entraba en la panadería. Aquel que se peleaba con sus hermanos cuando le cogían cualquier cosa de la habitación y aquel que no había hecho daño ni a una mosca y que, ahora, tenía que hacerle frente a la idea de matar a personas que, como yo, deseaban salir de allí con vida.

No estoy seguro de cuantos días pasaron desde que llegamos al Capitolio aquel día mientas desayunábamos. Recuerdo que llegamos y nos dirigimos hacia un gran edificio con hermosos ventanales que dejaan pasar la luz del Sol que siempre brillaba en su cielo azul. Lo que más me extrañó fue el modo en el que vestían a los ciudadanos: con vistoso colores que desentonaban entre ellos, con peinados que llegaban hasta el cielo y que demostraban cierto infantilismo por su parte, unos zapatos lo suficientemente altos como para que, en el hipotético caso de que yo mismo me los pusiera, me cayese en el primer paso.

La habitación estaba en la planta 12, correspondiente a nuestro distrito, y me sorprendió gratamente ver que también podían hacer cosas que no resultasen estrafalarias. Era enorme, toda para nosotros cuatro: Effie, Haymitch, Katniss y yo. Al salir del ascensor encontrabas un amplio salón con vistas a lo que parecía ser una plaza enorme donde los ciudadanos pasaban la tarde, ya que ellos no trabajaban aunque tampoco lo necesitaban. En el centro había una mesa grande para seis comensales, sus platos, sus cubiertos, sus vasos,…. Al lado derecho, había un sofá enorme con una mesa a los pies y una tele en frente. Al lado, una puerta que levaba a la habitación de Katniss. Yo estba justo en la parte opuesta del piso, junto a unas escaleras.

-Bueno, esto es lo que os espera de un mes en adelante hasta que comiencen los Juegos.

Nos dejaron unos minutos para pensar, los suficientes como para agobiarme y seguir pensando en como ayudar a Katniss. Si algo tenía claro, era que la tenía que proteger pasara lo que pasase. Al menos, tení que intentarlo. La primera opción sería morirme yo y dejarle sitio a ella. Eso tenía más inconvenientes que ventajas. Por un lado, no la podría proteger y, por otro, sería poco útil para conseguir patrocinadores. La otra opción sería hacer un pacto con los patrocinadores, algo no muy acertado ya que no podías hablar con ellos.

Durante esos días, que soy incapaz de recordar su número, teníamos el mismo horario a lo largo de los días: despertarse a las 6 de la mañana, desayunar pesado para aguantar durante toda a mañana, entrenamiento con Haymitch para buscar un punto en nuestra personalidad capaz de impresionar al público, comida menos pesada que el desayuno, entrenamiento con Effie para controlar los modales, cenar ligero para poder dormir y, po rúltimo, retirarse a los dormitorios e intentar dormis, algo que era difícil de llevarse a cabo.

Durante las sesiones de entrenamiento con Haymitch probamos todo tipo de  personalidades: chico duro, valiente, interesante, provocativo, cómico,… Pero eso no eran las características que me describían. Así que optamos por ser yo mismo e impresionarlos con mi carisma y mi actitud. Con Katniss fue bastante más difícil. No tenía ninguna buena faceta, al menos para el resto del mundo. Probaron un montón y yo la veía perfecta en cada uno de ellos. Sin embargo, a Haymitch no le convencían lo suficiente  como para dejarlo. Desde una chica tímida a una extrovertida, pasando por sensual, cariñosa y apasionada. En todos estaba perfecta para mí. Haymitch decidió que sería mejor dejarlo estar y que fuera ella misma intentando no echar esa serie de miradas que se le notan en la mirada cuando algo del Capitolio está cerca.

Aquellos días habían sido agotadores. Además, habíamos conocido a nuestros respectivos diseñadores. El de Katniss era un tal Cinna que siempre llevaba una raya de ojos de color dorado. La mía era Portia, una mujer estilosa y elegante (tanto como se puede esperar de gente que viste con colores estrafalarios
Y vistosos). Ese día me dijo:

-Prepárate para lo que se aproxima mañana: sesión de preparación para las entrevistas.

No sé a que se refería pero….tenía mala pinta. ¿Qué había detrás de las palabras: sesión de preparación para las entrevistas? Fuera lo que fuese, tendría que esperar a mañana. 

domingo, 8 de julio de 2012

Otras fuentes para leerlo.

Http://www.potterfics.com con el nombre: "los juegos del hambre según peeta mellark", subida por miss mellark

Http://www.wattpad.com con el nombre "los juegos del hambre según Peeta Mellark", subida por missmellark_14

Capítuo 9.


La cena sucedió rápido y en tiempo record. Tan solo nos dedicamos a comer y a degustar cada una de las comidas que nos iban depositando delante de nuestra persona, sobre un mantel de color crema y con tres platos situados uno encima del otro, cinco cubiertos a cada lado de los platos y una copa con un líquido de color morado-granate que nos sirvieran antes de poder sentarnos. No sabía exactamente lo que era pero después de tomar el primer sorbo, el mundo med io vueltas, así que lo dejé. El primer plato consistía en un trozo de carne con una masa del color de la patata con una salsa de color marrón. El segundo era mas ligero para nosotros: una ensalada perfectamente aliñada a la que no le faltaba de nada. Y, el tercero era el postre, este si lo controlaba: cuadrado de crema relleno de dos tipos de chocolate (blanco y negro) y recubierta muy bien con azúcar grueso que le daba ese toque dulzón. Y, además, estaba decorado con dos cerezas a los lados. Personalmete, le habría puesto un poco  de caramelo en vez de la gran cantidad de azúcar que llevaba. Pero, al fin y al cabo, no estaba en una postura muy fácil para criticar la comida del Capitolio. ¡Cómo un ciudadano del 12 puede criticar nuestra comida! Después de una hora, nos levantamos de la gran mesa cuadrada y Effie nos comunicó que sería mejor descansar porque dentro de cuatro horas llegaríamos al Capitolio y sería un día bastante agotador.

<<Por lo menos para mí, o eso creo>>, pensé para mis adentros.

Me fui a mi habitación y me acosté en la cama e intenté dormir pero tenía los ojos abiertos como platos. Eso no era bueno. Volví a pensar de nuevo en mis nulas posibilidades para volver a casa sano, a salvo y con ayuda para mi distrito  y me asusté. Esos pensamientos no ayudaban a conciliar el sueño, la verdad. Me senté y medité sobre lo único que me hacía feliz en el mundo: cocinar. Elaboré mentalmente un brownie, pastel que se vendía mucho en la panadería y que tenía mucho éxito. Colocamos los ingredientes, los ponemos en distintos recipientes, y preparamos toda la cocina. Pasamos un paño por la cocina y por el lugar en el que vamos a trabajar. Mezclamos los ingredientes poco a poco, le adherimos el chocolate, y nos podemos permitir saborear un poco en nuestro paladar, y revolvemos con cuidado. Cuando ya sea una masa, lo ponemos en un recipiente cuadrado cuidadosamente y lo metemos en el horno. Esperamos a que espese y lo sacamos. Mmmmm qué bien huele! Era como si pudiese estar oliéndolo en ese preciso instante. Como era incapaz de conciliar el sueño, me levanté y me dí una ducho bastante larga para pasar el tiempo. Sin embargo, a pesar de lavarme a conciencia, el tiempo pasaba lento, segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora…. Tic Toc . Parecía como si el tiempo no quisiera avanzar para dejarme solo en esa habitación y que experimentase todos los momentos dolorosos que sucederían a partir de ahora muy detenidamente.

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Allí estaba. El Capitolio. Grande. Luminoso. Colorido. Alegre…. En el vagón estábamos Haymtich, Katniss y yo hablando sobre nuestras posibilidades y sobre como aumentarlas.

-Chicos, no hay muchas posibilidades para un distrito como el nuestro. Solamente podéis ser amables y caerles bien. No podéis hacer otra cosa.
-Pero yo no le caigo bien a nadie. -protestó Haymitch.

Estábamos desayunando y Haymitch iba a coger más alcohol hasta que Katniss cogió un cuchillo y se lo puso justo entre los dedos. Un centímetro más y le perforaba el hueso de la mano.

-Muy bien-aplaudió Haymitch- Yo de ti guardaba esa serie de movimientos para después.
-Vale, pero sigo sin caerle bien a la gente. No quiero caerles bien.-seguía reprochando Katniss.
-Aprende de él. Creo que ya lo entiende sin ningún tipo de problemas.

De repente, me señala y los dos miran para mí. Realmente yo estaba de espaldas mirando por a ventana como llegábamos a la estación y como muchos periodistas nos estaban esperando y sacando fotos mientras yo los saludaba. Estaba a gusto en ese preciso momento. Estaba como en casa. Como era yo o como solía ser. No me resultaba difícil ser amable con la gente ya que en la panadería había gente de todo tipo y de todos los comportamientos: desde gente humilde que te trataba con respeto hasta gente de la clase alta que te trataba con despecho, pasando por niños insolentes que se creían superiores por tener una pelota con la que jugar. Lo que no sabían era que tendrían que pasar por lo que el pasé el día de la cosecha y, tal vez, solo tal vez, lo que estaba pasando en ese momento.

Capítulo 8.


La sala está vacía excepto por el espacio que ocupan nuestros cuerpos. Entre Katniss y yo y Haymitch hay  una pequeña mesa bastante bajita en comparación con la altura de las sillas. Nosotros sentados  uno al lado de otro. Haymitch, al lado de una silla vacía. Cuando decide hablar, se vuelve hacia un buffet que tenemos detrás y abre una botella de un líquido que, por el olor, era más alcohol para su malgastado cuerpo. 

-Bueno… ¿Qué necesitamos saber para poder ganar?- pregunta Katniss sin rodeos.
-No tan deprisa.-en ese momento se dispone a darle otro sorbo a la botella y yo lo intento frenar. Digo frenar porque él, hábil como si estuviese sobrio, alza su pie y me empuja arrinconándome en el respaldo de mi silla,  dejándome entre su oloroso pie y el incómodo y duro respaldo. -¿Qué haces?
-Emmmm, nada. Solo intentar que dejes de beber.
-Vale. En vista del éxito de mi reunión me voy de nuevo a mi habitación. Ya nos reuniremos en otra ocasión.

Sale de la habitación y, en vista de que casi no se puede mantener en  pie, me ofrezco voluntario para darle un baño y acostarlo. En ese momento, notó que Katniss me mira como dándome las gracias ya que debía de ser muy horrible para ella tener que ver a Haymitch desnudo. Aunque tampoco era de mi agrado.

Acelero el paso al cruzar la puerta para poder alcanzarle. Lo cojo de un brazo para impedir que se caiga y él me da un codazo para que yo sea el que me aparte. Aún así, voy detrás de él por si acaso. Yo no sabía donde estaba su camarote así que no tenía muy claro hacia donde nos dirigíamos. Cuando se para delante de una puerta, creí que habíamos llegado pero, al parecer, solo quería vomitar los excesos del alcohol que había ingerido a lo largo del día. Ya casi era la hora de cenar y él ya estaba ebrio del todo. Avanzamos unas cuantas puertas más y, por fin, llegamos a su dormitorio. Era amplio, con una cama demasiado grande para una sola persona y dos mesillas, una a cado lado, adosando la cama. El cabecero era de madera y estaba construido a base de la superposición de grandes bloques de madera, que semejaban al pino. A los pies, una alfombra de color tierra y un pequeño baúl, supongo que para guardar el pijama o la ropa del día siguiente. El baño estaba en la parte izquierda de la habitación y nunca había visto nada igual: ducha empotrada con un montón de opciones y mandos, una alfombra que te secaba el cuerpo de inmediato con tan solo pisarla y un lavabo grande para colocar todos los utensilios necesarios para una buena higiene.  Todavía no sabía si la mía dispondría de tantos lujos porque aún no me habían dejado verla.

-¿Quieres que te ayude a darte un baño, Haymitch?-pregunto esperando la respuesta no.
-¿Te apetece verme desnudo, chico?
-…
-Pues entonces puedes retirarte.

Aunque la respuesta había sido la esperada, decidí quedarme sentado en la cama por si tenía laguna urgencia. Tardó exactamente quince minutos en darse el baño y no le sorprendió mucho mi presencia en a habitación, a juzgar por su pasividad a la hora de recoger su ropa situada encima de la cama y a mi lado. Por suerte para mi vista, estaba tapado con una toalla. Se volvió a meter en el baño y, antes de cerrar la puerta me dijo:

-Vete a comprobar donde está tu habitación y, luego, échate un rato antes de la cena. Lo vas a necesitar.

Al parecer sabia de lo que hablaba así que no me negué. Fui hacia un puesto que ponía: INFORMACIÓN y allí pregunté sobre mi habitación. Me dijeron que era la 1102, en el vagón 14. Me dirigí hasta allí. Cuando introduje la tarjeta  que hacía la función de llave abrí la puerta. Si creía que la habitación de Haymitch era grande, la mía era todavía más. Al entrar estaban una mesa de comedor con sus cuatro sillas y una alfombra bajo las enormes patas que la sostenían. No habían malgastado en nada para tan solo una noche que pasaríamos allí. Mi cama tenía sábanas de color verde y era todavía más grande que la que usaban mi madre y mi padre.  Las lámparas a los lados eran enormes y estaban situadas sobre una mesilla de caoba y de un color rojizo. Cuando vi el baño fue cuando más me sorprendí. Nunca había visto nada igual. Ni siquiera en la de Haymitch. Tenía una bañera, un plato de ducha, dos lavabos, un inodoro en color oro, un armario blanco y un cesto de color azul clarito. En el lavabo encontrabas un montón de cosas: jabón, champú, crema hidratante, peine, cepillo de dientes,… Y, tan solo el baño, ocupaba el mismo espacio que mi casa entera en el distrito 12. Me dispuse a darme un baño para relajarme después del día que quedaba a mis espaldas. Me introduje en agua caliente y estuve allí unos veinte minutos, sin exagerar, hasta que me quedé arrugado como una pasa. Me puse un pijama que estaba encima de mi cama y me dispuse a descansar los pocos minutos que me quedaban. Pensaba en cómo haría para ganar, cómo sería la cena de hoy, los temas de conversación, cómo conseguiría patrocinadores, qué habilidades usaría para impresionar a los Vigilantes, cómo ocultaría las que me interesaban, ….

Dejarme pensar tanto debería de estar prohibido. Al cabo de cinco minutos ya estaba nervioso y deseando que llegase ese momento. Personalmente prefería una flecha clavada directamente en el corazón, unas bayas venenosas que mataran al instante, una trampa mortal, un cuchillo instalado en mi corazón,….Todas muertes rápidas y, prácticamente, indoloras. Lo que menos quería sería seguir luchando, morir ahogado en el agua, torturado por los profesionales,….

En ese momento llamaron a la puerta. Eso impediría que dejase de pensar de ese modo tan obsesivo. Entró un mayordomo, o eso parecía, para avisarme de que la cena estaba lista y servida en la mesa. 

domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 7.


Ella me mira. Yo la miro. Miradas desesperadas por encontrar algún apoyo. Por descubrir otra alma desesperada, por huír de aquella pesadilla. Sus ojos grises y los míos azules se encuentran en el ascensor mientras ella me dice algo. Intento leerle los labios pero soy incapaz de separar la mirada de aquel océano de sensaciones y sentimientos: miedo, arrepentimiento, preocupación, nerviosismo, fuerza. Me pregunto que verá ella en los míos. Probablemente sería miedo, amor, tristeza,…  Todo era demasiado complicado para decírselo ahora. Pero encontraría el momento y el lugar apropiado….

Había atravesado ya todo el pasillo y estábamos en el interior del ascensor que desvelaba que estamos en la cuarta planta del Edificio de Justicia. Durante ese cruce de miradas, Effie explica el itinerario:

-Bueno… Comenzaremos por llevaros al tren y después os reuniréis con vuestro tutor. ¿Lo conocéis?-obviamente sabía que era el borracho que esa mañana se había tirado del escenario: Haymitch Abernathy. -No os preocupéis por lo que habéis presenciado esta mañana. No es nada.-Sabía que intentaba relajarnos, pero no funcionaba. En el distrito 12 ya tenía fama de ebrio. Era más probable que pasase lúcido 1 hora al día.- Llegaremos al tren en quince minutos después de coger el coche amarillo que está ahí- y señala una especie de taxi que no se dejaban ver en nuestro distrito por la falta de capital para poder usarlo. Era bastante amplio pero no creía que fuera tan rápido. Yo ya había ido una vez a la estación para despedir a mi abuelo la última vez que nos vino a visitar. La verdad es que a mi me había llevado unas dos horas llegar.

Atravesamos toda la plaza y allí estaba brillante y reluciente el coche encargado de trasladarnos. Dejé que se subieran primero las chicas y, por último, entré yo, de tal modo que Effie estaba situada en el medio y no me permitía ver la expresión de Katniss. A medida que nos alejábamos de mi antiguo hogar al que no volvería me saltaron las lágrimas. No podía evitarlo. Había vivido allí toda mi vida. Dejarlo de repente destinado a morir era lo peor que podría pasar. Y estaba pasando. Recordaba toda mi infancia recorriendo las calles mientras jugaba o saltaba con mis compañeros, los paseos a media mañana todos los domingos con mi padre, las visitas de mi abuelo, como íbamos a pescar un rato largo, los caminos que me llevaban a la escuela cada mañana, los vecinos que venían cada día a la panadería en busca de alimento, las veces que vi a Katniss abandonar su casa para ir a cazar, cuando iba con su vestido rojo de vuelta a casa después de un duro día de colegio,…. En ese momento, noto una mirada punzante que viene de mi lado derecho. Giro la cabeza y ahí está ella, observándome como si fuera la primera vez que me viera llorar, y probablemente lo era. Ella llevaba una coraza de seriedad y enfado que le podía pasar desapercibida a todo el mundo, a todo el mundo menos a mí. Sabía lo que sentía en esos momentos. ¿Quién le llevaría comida a su familia cuando ella no estuviera? Probablemente Gale, pensé yo. ¿Quién ayudará a Prim cuando tenga pesadillas todas las noches? Porque ahora iba a tenerlas todas y cada de una de las noches de su vida.

Avanzábamos bastante rápido para lo que yo estaba acostumbrado. Effie tenía razón: llegamos en quince minutos. Era increíble. Bajamos del taxi y unos pocos pasos después ya estábamos en frente de la puerta del tren. Como de costumbre, las dejé pasar primero. Una vez dentro, Effie nos llevó a un salón y nos dijo:

-En unos momentos llegará Haymitch. No os preocupéis si está un poco borracho. Me prometió dejarlo cuando comenzaran los Juegos. Y será ebrio pero nunca rompe sus promesas. Es un hombre de palabras. .se dio la vuelta y se marchó por donde había venido.

En ese momento, miré a Katniss.

-¿Conoces a Haymitch?-no obtuve respuesta. -Oye, yo tampoco deseé esto.
-Ahh, yo sí. -dijo en tono borde, tal y como la conocía. A veces me preguntaba que había visto en ella.-Lo siento. No te mereces que te hable así.-Ahora lo sabía.-Lo vi varias veces en el bar de Joe, ¿sabes dónde está? Al lado de la Aldea de los Vencedores.
-Sí. Lo recuerdo.
-Pero nada más. No sé como llegó a  ganar sus juegos.
-Antes no sería un borracho. Estoy preocupado  por como será en su papel de tutor. Tendrá que conseguir patrocinadores….

En ese mismo instante, entra dando tumbos en la habitación con una botella plateada en la mano. No me lo podía creer. ¡Está borracho! La que nos espera….

viernes, 29 de junio de 2012

Capítulo 6.


Un amplio pasillo con puertas a los lados, dos de ellas a pocos metros de la mía. Parecía no tener fin. Se veía el final gracias a grandes lámparas colocadas estratégicamente para tener luz en too momento. Eran enormes y de cristal. Nunca había visto nada parecido. Eso es lo que me encuentro cuando abro la puerta después de que al Guardia se le quedase el cinturón atascado  entre la puerta y la pared sin haberse dado cuenta. Una gran ventaja para mí y un enorme problema para él. Cuando me aseguré de que no había nadie fuera, cogí aire por la nariz y tuve el valor suficiente para abrir la puerta. Era un pasillo con una amplia alfombra roja y paredes blancas, haciendo un contraste igual que la nieve con sangre. En ese momento una puerta se abre y veo la silueta de alguien fuerte y ancho salir de la habitación más próxima a la mía. Cierro un poco mi puerta para evitar que me vea y, de repente, se escucha un portazo fuerte. Decidí apartarme de la puerta por si alguien me veía. Me fastidió no saber quien era y de dónde venía pero apreciaba mi vida tanto como para intentar no meterme en problemas.

Me siento en la silla y veo un vaso de agua lleno encima de la mesa. Le doy un trago largo y lo dejo sobre el posavasos para no estropear la mesa. En mi distrito no disponíamos de tantos artilugios para proteger nuestras cosas de cualquier problema. En ese momento recuerdo el trapo que usábamos en la panadería para  no manchar la encimera. Era de color blanco como las rosas blancas  y se limpiaba fácilmente con agua. Mi padre lo había conseguido después de una apuesta con mi abuelo. Se había montado una vida bastante buena en un lugar como la Veta.

Centrado en mis pensamientos escucho unos pasos de mujer a lo largo del pasillo que se aproximan poco a poco hasta llamar suavemente con los nudillos de los dedos en mi puerta. Con miedo la abro despacio para ver lo que me espera detrás. En ese momento veo una mancha de color rosa pastel con unos zapatos del mismo color. Ya sabía de quién se trataba antes de mirarla a sus grandes ojos: Efiie Trinket. La misma Effie que todos los años saca el nombre de los tributos que representarán a mi Distrito en esa matanza que ellos llaman Los Juegos Del Hambre. La misma Effie que este año sacó la papeleta que llevaba mi nombre escrito.

-¡Qué bien que me abras!
-¿Hola?
-Hola. Buenos y preciosos días para algunos y horribles y dolorosos para otros.
-Cosas del Capitolio.-susurro para mis adentros.
-¿Cómo?
-Nada. No decía nada. -si decía algo en contra del Capitolio con una de sus ciudadanas delante, podría verme metido en un buen lío. Y eso no era lo mejor en estos momentos.
-Venía a buscarte. ¿Dónde tienes tus cosas?- ¿qué cosas? No me dejaron traer nada hasta aquí. De hecho, no había pisado mi casa desde que salí esta mañana bien temprano.
-No tengo nada.
-Pues mejor. Adelante.

Ella me coge del brazo y yo me siento extraño. ¿No es eso saltarse el protocolo? Pensaba que en el Capitolio estaba mal visto tocar a cualquier tributo de un distrito que no fueran el 4 o el 2. Y menos, todavía, cogerlo del brazo. Pero no me resistí. Abrió la puerta y comenzó a andar. Yo me fijé en su caminar. Era muy del capitolio. Sus piernas bien colocadas, cabeza erguida, espalda recta y con un pie delante del otro. Nosotros no nos podíamos permitir andar asi tanto por el terreno como por nuestro trabajo. Ni siquiera nos podíamos permitir andar con la cabeza erguida. ¡Cuántas cosas teníamos diferentes al Capitolio! Realmente ya lo sabía pero empezaba a darme cuenta.

Cuando llevamos medio pasillo recorrido se para de golpe algo que hizo que me chocara con ella ya que me fijaba mas en ella que hacia donde nos dirigíamos. Estábamos ante una puerta igual que la mía. Creo que ya sé de quien es. Ya sabía a quién escondía dentro. Tranquila, como había hecho conmigo, llamó a esa puerta. No le abrió nadie. Con educación volvió a llamar. Nadie contestó. Todavía con educación pero con cierto nerviosismo y enfado, debido a la falta de modales, volvió a llamar. Se escucharon pasos. La puerta se abrió de golpe. Ella entró y a mí me dejó fuera. Tardaron pocos minutos hasta que salieron. Katniss Everdeen y Effie Trinket. Una cazadora furtiva que no soportaba las leyes y una ciudadana del Capitolio que no podría vivir sin ellas. Una habitante del Distrito 12 y una del Capitolio. Polos opuestos. Como el blanco y el negro. Como el sol y la luna. Diferentes.

Katniss Everdeen sería del Distrito 12 pero era mas guapa y atractiva que cualquier ciudadana del Capitolio. No me podía creer lo que iba a suceder dentro de unos días. ¡Iba a tener que matarla! No podía hacer eso. Y, lo peor, es que yo lo sabía. Llegado el momento, no podría enfrentarme a él. Además, ella tenía cosas que podría perder si no vuelve a casa. Yo no. En ese momento, recordé a Gale Hawthorne. Él sufriría si la ve morir. Yo sufriría si la veo morir. Nadie sufriría si yo me muero. Tenía que solucionar eso y sabía cómo. Era sencillo: moriré yo primero.

miércoles, 27 de junio de 2012

Capítulo 5.


Ahí está. Una gran habitación con una mesa enorme en el centro. Allí es donde nos llevaron tras salir escogidos. Cada uno la suya, por suspuesto. La de Katniss estaba justo al lado de la mia, pared con pared. Después de que dijeran mi nombre lo vi claro: nadie esperaba que yo ganase, ni siquiera yo creía posible volver con vida al distrito en el que había vivido desde que era niño. En ese momento, me viene un recuerdo de la infancia. Delly estaba en la panadería de mi padre. Los dos estabamos cocinando pasteles, decorandolos con flores, poniendole azúcar,…. Como si me leyera la mente, entra en esa habitación vacía conmigo sentado en una silla. Cuando la veo no puedo impedir sonreír de felicidad por el hecho de que era mi primera visita despues de media hora de estar solo ahí dentro.

-Hola.-dice Delly mientras se acerca rápidamente y me da uno de esos abrazos que echaré de menos durante toda mi vida (un mes y unos pocos días).
-Gracias por venir, Delly. Es la primera visita que recibo.
-¿Llevas mucho tiempo aquí dentro?
-Pues debe de hacer una media hora. ¿Sabes si Katniss ha recibido visitas?
-Si. Ahora acababa de entrar Gale Hawthorne allí. Ya lleva un buen rato porque el guardián de esta habitación ha tardado demasiado en dejarme entrar y supuse que estarían tus padres.
-No. Ellso tendrán mucho trabajo en la panadería un día como hoy. Las familias querrán celebrar que sus hijos seguiran un año más a su lado.
-Lo siento mucho. Es muy injusto.
-Ya. Pero no le puedo hacer nada.
-¿Puedo pedirte un favor?
-Por suspuesto. Lo que quieras lo haré.
-Intenta mantenerte con vida. Por favor,…Me gustaría que volvieramos a hacer pasteles juntos como cuando éramos pequeños.
-Al parecer eres la única que me ve con posibilidades.
-No lo creo. Quizás soy la única que se arteve a decírtelo. Pero…

En ese momento, entra el guardián en la habitación y la coge en brazos. Ella logra liberarse y viene a darme un abrazo fugaz mientras me susurra al oído una frase que nunca olvidaré. En realidad, nunca olvidaré a Delly. La frase fue simple y precisa. Sin rodeos: "Nunca me olvidaré de ti. No quiero que cambies nunca, ¿me oyes? Y, no te preocupes. Volverás."

Una frase. Un sentimiento. Un consuelo. Un consejo. Una liberación. Tenía a alguien que me apoyaba. Sólo espero que no vea como será mi muerte. Si me dieran a escoger preferiría una muerte rápida como un disparo en la cabeza. Una muerte lenta y dolorosa te da demasiado tiempo a pensar. Y el resultado es el mismo. Nunca me olvidaría de Delly.

Me vuelvo a sentar en la silla y miro por la ventana. Se ve la plaza en laque tantos años había corrido y jugado con amigos en durante mi infancia. Niños felices, sin preocupaciones, solo pensando en lo que habría para cenar. El 12 nunca habñia sido tan rico como el 2, dónde los juguetes los compraban directamente del Capitolio: espadas, coches, muñecas,…. Sin embargo, aquí consistían en paños, pan demasiado reseso como para que sirviera de balón. Nuestra portería era un escaparate roto de una tienda de colchas que no tuvo mucho éxito lo bastante amplio para que nos metieran goles y no pudieramos parar ninguno. Para jugar a las princesas, los carros que usaban los abuelos para transpirtar las verduras o las hortalizas de un punto al otro del campo de cultivo los usábamos como carruaje. Los vestidos onsistían en trapos viejos que usábamos como velos. Sin embargo, éramos niños felices.

Mientras pensaba en todo eso entra mi padre por la puerta con cara de tristeza. Era l aprimera vez que lo veía de aquella manera. Trsite. Derrumbado. Nunca lo vi así. Ni siqiera cuando murieron sus padres. La relación no era demasiado buena pero no creo que se alegrara, sinceramente. Me da el primer abrazo en mucho tiempo, el primer beso que me ha dado en toda mi vida y las primeras palabras con lo ojso llorosos que le he visto decir desde que tengo uso de razón.

-Hijo, no te preocupes. Sé que no te he tratada lo suficientemente bien, como te merecías.
-Y me lo dice ahora, cuando estoy a punto de morir.
-Ya lo sé pero ni tu madre ha querido venir aquí. Yos soy el único que decidió acercarse para darte el último adiós.
-¿Eso significa que no confías en que pueda volver con vida?
-No es eso pero, sendo realistas, no podrás enfrentarte a los especialistas de los distritos 2 y 4.
-¿Crees que no lo sé?¿Crees que no sé que probablemente sea la última vez que te vea?Y lo único que eres capaz de decrme es que me voy a morir. Eso ya lo sé. Sólo quiero que tengas más confianza en mí y si no, por lo menos miénteme y dime que confíes en mçi. Eso es lo que me dijo Delly, ¿la recuerdas?Cuando me lo dijo me la creí, me creí que confiaba en mi. Y lo sigo creyendo. Lo dijo de verdad.
-Hijo, lo siento mucho. Te queiro.-me dio otro beso y se dirigió hacia la puerta.
Cuando tocó el pomo de la puerta, no lo pude evitar:
-Papá, te quiero. Y lo siento por lo de antes.
-No te preocupes de nada. Sólo piensa en lo que debes: en mantenerte con vida.
-Gracias.

Esa vez se marchó y me volvieron a la mente las palabras que me dijo mi madre después de saber que Yo era el elgido. Me lo había dicho Delly: "Este año el distrito 12 tendrá un ganador".Lo pero es que no se refería  a mí.

martes, 26 de junio de 2012

Capítulo 4.


Cuando vi a Katniss Everdeen subir al escenario y a Gale coger a Prim en brazos para impedri que pasase algo peor, es cuando lo sentí. Miedo. Preocupación.  De repente, aalgo cambió de parecer. Al principio estaba asustado por la idea de que saldría escogido. Ahora, lo que mas me aterraba era la idea de que Katniss iría a la arena. Lo bueno era que tenía mas probabilidades de salir con vida de allí que yo por sus conocimientos sobre el arco y las flechas. Mi padre me dijo un día que los animales por los que le cambiaba el pan siempre tenían la flecha en la pupila del ojo. Por lo tanto no tiene uno, sino dos puntos fuertes: su habilidad para cazar y usar el arco y su puntería extraordinaria. Effie le hace una pregunta a la que ella no contesta por lo asustada que está.

-¡Bueno, bravo!¡Éste es el espíritu de los Juegos! ¿Cómo te llamas?- le pregunta Effie con una sonrisa en la cara.
-Katniss Everdeen.-contesta ella con un tartamudeo nervioso mientras no aparta la mirada de la multitud que, enfrente, permanece en silencio mientras ella logra encontrar a Prim abrazada a su madre llorando y a Gale con cara de preocupación y rezando porque no tenga que ir a la arena para no tener que matarlo.

-Me apuesto los calcetines a que era tu hermana. ¡Vamos a dar un feuerte aplauso a nuestro último tributo! -dice alegre la encargada de Effie. Intenta tranquilizar  aa Katniss aunque sin mucho éxito ya que está demasiado absorta en sus pensamientos. Tímidamente, asiente.

Toda la multitud permanece en silencio, sin decir ni una palabra, sin hacer ningún gesto. En vez de eso, puedo observar como la poblacion del distrito 12 se lleva tres dedos a la boca, les da un beso y eleva la mano al cielo. Aquí, eso significa una muestra de alabanza. Hacía mucho tiempo que nadie en ningún distrito de Panem se presentaba voluntario. Era algo insólito. De repente, para romper el silencio, Haytmich se levanta de su asiento y comienza a gritar con el micrófono en la mano:

-¡Miradla bien!¡Miradla bien!¡Me gusta!-se queda en silencio durante un momento y vuelve a decir:-¡Coraje!¡Mas que vosotros! - tropezó y se cayó del escenario. Justo después apareció una camilla encargada de llevárselo. Cabe destacar lo ebrio que estaba en esa gala. Suele estar borracho la mayoría de los juegos, pero nunca se había levantado del asiento de esa manera. Ahora, sería el hazmerreír de todo Panem, ya que son unas grabaciones que se emiten en todos los distritos y en el Capitolio.

-¡Qué día tan emocionante!¡Pero aún hay más!¡Ha llegado la hora de elegir a nuestro tributo masculino!-exclama Effie. Se dirige hacia el bote de cristal donde están los nombres de todos los varones de entre doce y dieciocho años, en el que parece el mío tan sólo una vez. Pero no siempre estsá la suerte ed tu parte. Realmente creía que nadie de mi familia me echaría de menos si me iba. Y eso es triste. Coge una papeleta, se acerca al micrófono y abre la papeleta. En ese momento los corazones de todos los chicos y sus familias tiene las máximas pulsaciones. -¡Peeta Mellark!

"No. No puede ser". En ese momento todos los que estaban a mi alrededor se separan como si tuviera una enfermedad contagiosa o algo así. En ese momento, asustado, subo al escenario. Effie me da la mano para ayudarme y me sitúa al lado de Katniss. Ella me mira con cara de lástima, como si se acordase de aquel momento. De aquel momento en el que ella estaba entre la vida y la muerte. Aquel momento en el que mi madre la echó a patadas de la panadería y me propinó una paliza por darle unas barras de pan quemadas que habían sobrado del lote anterior. Supuestamente se los dábamos a los cerdos para alimentarlos pero, al ver que se alimentaban mejor que los Everdeen, decidí tirárselos a ella, que estaba bajo la lluvia debajo de un árbol que no le protegía de la lluvia y con frío debido a la chaqueta tan fina que vestía en aquel momento. Cuando sigo pensando en lo que me espera me doy cuenta: "tendré que matar a Katniss Everdeen para poder volver a casa".

Capítulo 3.


Cuando llego a la plaza me encuentro con lo mismo de todos lo años. Un gran escenario l apreside y dos pantallas enormes en los laterales eran lo único que adornaba la plaza, además de las caras de miedo y tristeza. Las familias vienen para despedirse de gente que, a lo mejor, no vuelven a ver jamás. Lo más normal es que los ganadores sean del distrito 2 , del 4 o del 1 debido a su mejor manutención y preparación.  Las pantallas èrmanecen negras hasta que suba Effie Trinket, escolta del distrito 12, y comience a sacar las papeletas de la urna de cristal.

En dos filas, una para chicos y la otra para chicas, se preparan para pasar el reconocimiento basado en sacar sangre. Además, también sirve para llevar un recuento de los habitantes. Cuando me colocó en última posición, veo a una niña de doce años, por lo cual es su primera vez, llorando mientras se despide de su madre. Ambas con lágrimas en los ojos, se dan el que puede ser su último abrazo. Mientras tanto, una familia numerosa despide al miembro mas mayor. Están los dos padres y sus seis hijos. Por la apariencia, deben de tener estas edades: el más pequeño no llega al año de vida, el siguiente aparenta de un año, de tres, dos gemelos de cuatro años y el mas mayor de doce años. Hace falta tener mucho valor para atreverse a tener varios hijos en un distrito como el nuestro, pobre y triste.

La mayor parte de la población está congregada en esta gran plaza. Como todo en el Capitolio, incluso las bancadas estan divididas en chicos y chicas. A la derecha del pasillo están las chicas y a la izquierda, los chicos. Todos estan nerviosos, includo yo. Es increíble que arriesguen la vida de unos pobres niños para recordar una rebelion. Me coloco en mi sitio y busco a gente conocida. Al primero que encuentro es a Gale, situado a pocas filas por detrás de mi posición. Después veo la cabeza de uno de mis compañeros del colegio, el que haía sido mi mejro amigo y un antiguo vecino. Al final la veo. Allí está. Con su trenza perfectamente colocada en su cabeza. Con su vestido azul y esa preocupación por su  hermana. Un poco más adelante la veo. Allí está Prim. Creo que es la primera vez que se presenta y está demasiado nerviosa, algo normal. Me vuelvo a fijar en Katniss. Preciosa como siempre. No tengo palabraS. Incluso enfadada está impresionante.

Cuando estoy absorto mirándola, mi gran amigo Jacob, que nos conocemos desde siempre me da una almadita en el hombre y me desconcentra. Yo le sonrío mientras él se situa cinco sitios más a mi derecha. Ésta es una cosecha especial. O, al menos, eso creo.

Effi Trinket sube al escenario vestida de rosa: vestido, uñas, labiios e, incluso, la peluca. Son modas del capitolio de ir de un solo color. Se sitúa en el micrófono y comienza a explicar la tradición de los juegos del Hambre mientras  podemos ver un vídeo con diapositivas de los anteriores vencedores, muchos de ellos ya fallecidos.

-¡Beinvenidos, bienvenidos! Después de este estupendo video vamos a empezar. ¡Felices Juegos del Hambre!¡Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte! Las damas primero.

Ahora es el momento. El momento que le cambiará la vida a una chica que puedo conocer o no. Pero, hablara con ella o no, sobreviviera o no, nunca la vería igual. Miro a Katniss por última vez antes de que saque la papeleta que puede llevar su nombre impreso. Vuelvo a observar a Effie , que mueve su mano en el interior de la urna para escoger una papeleta. Se dirige hasta el micrófono, abre la papeleta y me quedo petrificado. No es Katniss, sino otra Everdeen: su hermana de apenas doce años.

-¡Primrose Everdeen!

Todas las niñas se separan para dejar que suba despacio al escenario. No me lo podía creer. Era la primera vez para ella y puede que sea la última. Pero no hay nada que quiera ocu`par su lugar. Hasta quie…

-¡Prim-1¡Prim!-oigo desde el lugar donde antes vi a Katniss.Y, de repente, aparece en el pasillo gritando-¡Me presento voluntaria!¡Me presento voluntaria como tributo!

En ese momento, todo el mundo se queda petrificado, con la excepción de Prim que corre desconsolada en dirección a su hermana. Era un momento importante para la historia del distrito 12. Era la primera vez que alguien se presentaba como tributo voluntariamente. Para todos era una persona valiente, para mí era Katniss. No podía alegrarme de que fuera al campo de batalla. El momento que llevo evitando años, ocurre. Y algo pasa en mi interior. Preocupación.

lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 2.


Y llegó el día. El día en el que dos jóvenes de entre doce y dieciocho años estarán destinados a matar y a sobrevivir. La única ayuda que podría conseguir sería gracias a los patrocinadores, algo que supongo que me resultará fácil gracias a mi simpatía. Es lo único que puedo usar a mi favor. No sé luchar, no soy fuerte y sólo tengo mis habilidades para hacer pan, algo que no resulta útil cuando otros veintitrés concursantes están deseando acabar contigo. Aunque el deseo es recíproco. Si quieres volver a casa, ya sabes lo que debes hacer: matar o morir. Es lo único que vale.

Mientras desayunaba los pasteles que mi padre había cocinado ayer, me estaba mentalizando de todas mi posibilidades. En un principio, no veía ninguna.  Al cabo de un rato, seguía sin verlas. Lo que más me costaría sería matar a los otros tributos, ya que no puedo matar ni a una mosca. Sine embargo, hay gente en mi distrito que puede cazar, usar cuchillos, usar ramas de un árbol para hacer fuego, que tiene conocimientos sobre plantas, que puede derribarte de un puñetazo, que sabe como hacerte daño,… En mi distrito no hay mucha gente con tantos conocimientos y, en el caso de que los tengan, los aprendieron por libre, fuera de la escuela. Lo peor era que, por ejemplo, en distritos como el 2, entrenan a los niños desde que son muy pequeños para estos juegos. Saben matarte con un solo dedo tocándote en un punto exacto de tu cuerpo. Otros, como el 8, están familiarizados con las plantas, por lo que saben cuales deben comer y cuales te pueden matar. Yo no sabía nada de eso. En mi distrito los únicos conocimientos que adquirías eran relacionados con la minería.

Estaba totalmente dentro de mis pensamientos cuando llegó mi padre a la cocina y me mandó vestirme. En cuanto llegué a mi cuarto, pequeño y de color gris debido a la suciedad de las minas, vi encima de mi pequeña cama una camisa y unos pantalones que me ponía todos los años para este estúpido acontecimiento. Era demasiado pronto para ir en dirección a la plaza. No había podido dormir en toda la noche por los nervios y, cuando ya no podía más, me dirigía  la cocina para desayunar y poder mentalizarme de todo lo que pasaría hoy. Había dos opciones: que saliera escogido o que siguiera en el distrito 12. Si sucedía lo primero no podría hacer nada ya que nadie se presentaría voluntario para ocupar mi lugar como tributo. Eso sucedió hace muchos años y consiste en presentarte como tributo en lugar del que salió escogido de la urna. Son muy pocos los valientes capaces de hacerlo. Y ninguno de mis dos hermanos ocuparía mi lugar. La única ventaja que tendría sería que voy mejor alimentado que muchos de los jóvenes de este distrito. Si no saliera, me quedaría trabajando en el negocio familiar y vería como matan a los tributos, esto es, como los años pasados.

Aunque era el día de la cosecha, nada había cambiado. La gente se dirigía en grupos hacia la plaza mayor. Los padres despedían a sus hijos y rezaban para que no fuesen los escogidos. En el distrito 12 el único que había ganado algunos juegos fue un borracho que tendría que estar en el escenario cuando dijesen los nombre de los elegidos : Haymitch. Mientras seguía pensando en quien podría salir elegido pensé en mí. Eso me invadió de un sentimiento triste  pero tendría que asumirlo. Bajé a la cocina donde me esperaba mi madre preparada para hacer los panes encargados. El primero que hice fue el de Gale, ya que ayer parecía impaciente. Y, efectivamente, fue el primero en presentarse. Me preguntaba para que lo querría. Para comer antes de la cosecha. Para asegurarse de que su familia tuviera que llevarse a la boca si salía elegido,…. Sin embargo, recordé que había visto a Katniss subir hasta el bosque con ropa de caza: una cazadora que había heredado de su padre, unos pantalones viejos y unas botas rotas. No pertenecía a una familia rica y, en muchas ocasiones, se veía obligada a pedir teselas. Lo que más le importaba era su hermana Primrose. Pero todo cuidado tiene sus limitaciones. Mientras pensaba detenidamente, me había olvidado de la figura de Gale, plantado delante de mi esperando a que le diera el pan:

-¡Heyy! ¿Estás bien?- me preguntó.
-Emmmm… Sí, gracias.
-¿Y mi pan? Ya sé que es un día difícil pero me gustaría llegar a mi cita.
-Ah, si, claro. Aquí tienes.
-Gracias.

Le doy el pan y me retiro a mi cuarto. Al parecer, los Juegos me afectan más de lo que esperaba. Todos los años estaba nervioso pero este año lo estaba más que nunca. ¿Por qué? ¿Por qué me doy cuenta de las cosas?¿Porque hay mas probabilidades de que salga mi nombre en esa urna?¿Por qué?

Cuando salgo por la puerta de casa, me dirijo a la plaza con un solo pensamiento: "A mi no, por favor, a mí no".

Capítulo 1.


Es un día como otro cualquiera en el distrito 12. La gente baja a las minas a altas horas de la mañana para poder alimentar a las familias. Algunos se dirigen al quemador para intercambiar productos por otro de mas importancia. Otros se quedan en casa viendo como sus hijos, padres, hermanos o madres se están muriendo a falta de alimentos. E, incluso, los mas valientes, se atreven a subir a lo alto del bosque para dedicarse a la caza furtiva y tener algo que poder llevarse a la boca esa noche.

Por la pequeña ventana de la panadería de mis padres, yo observa como un chico alto y dos años mayor que yo se dirige hacia mi tienda. Era fuerte y musculoso. Llevaba una camisa sucia, lo que dejaba pensar que no tenía mucha mas ropa para ponerse, y unos pantalones de color verde. Sabía que se trataba un cliente más de los que solo se pueden permitir una barra de pan de cuando en vez. De hecho, no era lógico que se pasase por allí. Al día siguiente sería la cosecha. Sin embargo, no iba a comprar nada, sino a dejar reservada una barra de pan para mañana por la mañana.

-Hola.
-Hola.-le contesté con una sonrisa.
-Venía a encargar una barra de pan para mañana a primera hora, por favor.-dijo amablemente.
-Si. Necesito su nombre para poder dárselo mañana a su destinatario.
-Ah, por supuesto. Gale .
-Podría deletrearme el apellido. No me gustaría apuntarlo mal.
-Claro. Sin problema.
-O mejor, escríbalo usted mismo.
Gale cogió el lápiz rudamente y le costaba bastante escribir, como la mayoría de las personas que viven en el distrito 12. Con una letras casi ilegible escribió: Hawthorne.
-Gracias. Mañana a primera hora estará listo.
-Muchas gracias.
-De nada.

Se marchó con paso firme y rápido con dirección a casa de los Everdeen. Según lo que tenía entendido, la mayor de las hijas, Katniss, era una gran amiga suya y se dedicaban a ir todos los domingos a una hora bastante temprana a cazar en secreto. Tenían suerte de que los Vigilantes del Distrito 12 eran bastantes benevolentes. Katniss era una de mis compañeras desde que éramos pequeños. De hecho recuerdo como de dura y fuerte fue siempre. Hasta tal punto, de que en el colegio andaba sola. A veces se encontraban nuestras miradas cuando yo la miraba disimuladamente por el pasillo para entender porque le tenía tanta repugnancia a la amistad. Volviendo al tema de Katniss-Gale tienen bastante en común. De hecho se parecen hasta físicamente: ojos grises y cabello oscuro. Podrían pasar por hermanos sin problemas. Además, sus padres murieron en el mismo accidente cuando estalló una mina con todos los mineros dentro. Desde entonces, parecen estar más unidos y lo entiendo.

Yo, sin embargo, me paso la mayor parte del tiempo en el negocio familiar ayudando a mis padres en todo lo que puedo. Yo los conservo a los dos, aunque, en diversa ocasiones, me gustaría que mi madre desapareciera. Es demasiado dura y no tiene ningún tipo de compasión. Por el contrario, mi padre era una persona alegre y risueña. Así que era él el encargado de atender a los clientes que rara vez pasaban por allí. Me alegro de haber heredado el carácter de mi padre porque así he conocido a un montón de amigos en el colegio.

Después de pensarlo mucho, me di cuenta de que probablemente lo quería para cambiarlo en el quemador. Así conseguiría el suficiente alimento para sus hermanos. No desearía que ninguno de ellos tuviera que ir a la gran matanza de los Juegos del Hambre. Ahora es cuando me doy cuenta de que Gale aparece 42 veces este año gracias a las teselas que ofrece el Capitolio a cambio de que aparezca mas veces tu nombre en esa gran urna en la que, este año, Effie Trinket se encargará de escoger a los dos jóvenes que representarán al Distrito 12 en los Septuagésimos Juegos del Hambre. Es un concurso en el que gana el último superviviente después de varios días de supervivencia a base de matar a tus contrincantes, entre los que estará tu compañera de distrito y que puede ser, incluso, tu hermano/a.

Se decretó que, cada año, los doce distritos de Panem entregarían como tributos a un chico y una chica de entre doce y dieciocho años para ser entrenados en el arte de la supervivencia y para estar preparados para luchar a muerte. Después de días de nervios y entrenamientos, los veinticuatro tributos elegidos en la Cosecha deberán lanzarse a la Arena para luchar por sobrevivir. En este reality show no hay reglas: los veinticuatro tributos, doce chicos y doce chicas de entre 12 y 18 años, deberán procurar su propia supervivencia encontrando sus propios alimentos y matando a los demás. Este no es lugar para sentimientos de concordia. Veintitrés tributos morirán. Sólo quedará uno.

Yo tan solo podía pensar en la gran injusticia de ese concurso que se televisaba en todos los distritos para que los familiares vieran como mataban a sus hijos. Sin embargo, no era la única causa. La mayoría morían de deshidratación, congelación o, incluso, insolación, ya que cada año la arena era diferente y te podías encontrar cualquier obstáculo. Lo único que tenía claro era que no permitiría que me cambiasen, que moriría siendo yo mismo.



Prólogo.


-Bueno…hay una chica. Llevo enamorado de ella desde que tengo uso de razón, pero estoy demasiado seguro de que ella no sabía nada de mí hasta la cosecha.

+¿Tiene a otro?

-No lo sé, aunque le gusta a muchos chicos.

+Entonces te diré lo que tienes que hacer: gana y vuelve a casa. Así, no podrá rechazarte, ¿eh?

-Creo que no funcionará, Caesar. Ganar…no ayudará en mi caso.

+¿Por qué no?

-Porque… Porque… ella está aquí conmigo.