martes, 10 de julio de 2012

Capítulo 10.


Seguían pasando los días y, con ellos, las ganas de acabar con todo aquello de una vez. Quería volver a mi casa, abrazar a mi padre, cocinar como siempre lo había hecho, pasear por las calles con los compañeros de instituto,…. Quería volver a ser el mismo de antes, el que nunca se preocupaba por nada y que andaba sonriendo cada vez que alguien entraba en la panadería. Aquel que se peleaba con sus hermanos cuando le cogían cualquier cosa de la habitación y aquel que no había hecho daño ni a una mosca y que, ahora, tenía que hacerle frente a la idea de matar a personas que, como yo, deseaban salir de allí con vida.

No estoy seguro de cuantos días pasaron desde que llegamos al Capitolio aquel día mientas desayunábamos. Recuerdo que llegamos y nos dirigimos hacia un gran edificio con hermosos ventanales que dejaan pasar la luz del Sol que siempre brillaba en su cielo azul. Lo que más me extrañó fue el modo en el que vestían a los ciudadanos: con vistoso colores que desentonaban entre ellos, con peinados que llegaban hasta el cielo y que demostraban cierto infantilismo por su parte, unos zapatos lo suficientemente altos como para que, en el hipotético caso de que yo mismo me los pusiera, me cayese en el primer paso.

La habitación estaba en la planta 12, correspondiente a nuestro distrito, y me sorprendió gratamente ver que también podían hacer cosas que no resultasen estrafalarias. Era enorme, toda para nosotros cuatro: Effie, Haymitch, Katniss y yo. Al salir del ascensor encontrabas un amplio salón con vistas a lo que parecía ser una plaza enorme donde los ciudadanos pasaban la tarde, ya que ellos no trabajaban aunque tampoco lo necesitaban. En el centro había una mesa grande para seis comensales, sus platos, sus cubiertos, sus vasos,…. Al lado derecho, había un sofá enorme con una mesa a los pies y una tele en frente. Al lado, una puerta que levaba a la habitación de Katniss. Yo estba justo en la parte opuesta del piso, junto a unas escaleras.

-Bueno, esto es lo que os espera de un mes en adelante hasta que comiencen los Juegos.

Nos dejaron unos minutos para pensar, los suficientes como para agobiarme y seguir pensando en como ayudar a Katniss. Si algo tenía claro, era que la tenía que proteger pasara lo que pasase. Al menos, tení que intentarlo. La primera opción sería morirme yo y dejarle sitio a ella. Eso tenía más inconvenientes que ventajas. Por un lado, no la podría proteger y, por otro, sería poco útil para conseguir patrocinadores. La otra opción sería hacer un pacto con los patrocinadores, algo no muy acertado ya que no podías hablar con ellos.

Durante esos días, que soy incapaz de recordar su número, teníamos el mismo horario a lo largo de los días: despertarse a las 6 de la mañana, desayunar pesado para aguantar durante toda a mañana, entrenamiento con Haymitch para buscar un punto en nuestra personalidad capaz de impresionar al público, comida menos pesada que el desayuno, entrenamiento con Effie para controlar los modales, cenar ligero para poder dormir y, po rúltimo, retirarse a los dormitorios e intentar dormis, algo que era difícil de llevarse a cabo.

Durante las sesiones de entrenamiento con Haymitch probamos todo tipo de  personalidades: chico duro, valiente, interesante, provocativo, cómico,… Pero eso no eran las características que me describían. Así que optamos por ser yo mismo e impresionarlos con mi carisma y mi actitud. Con Katniss fue bastante más difícil. No tenía ninguna buena faceta, al menos para el resto del mundo. Probaron un montón y yo la veía perfecta en cada uno de ellos. Sin embargo, a Haymitch no le convencían lo suficiente  como para dejarlo. Desde una chica tímida a una extrovertida, pasando por sensual, cariñosa y apasionada. En todos estaba perfecta para mí. Haymitch decidió que sería mejor dejarlo estar y que fuera ella misma intentando no echar esa serie de miradas que se le notan en la mirada cuando algo del Capitolio está cerca.

Aquellos días habían sido agotadores. Además, habíamos conocido a nuestros respectivos diseñadores. El de Katniss era un tal Cinna que siempre llevaba una raya de ojos de color dorado. La mía era Portia, una mujer estilosa y elegante (tanto como se puede esperar de gente que viste con colores estrafalarios
Y vistosos). Ese día me dijo:

-Prepárate para lo que se aproxima mañana: sesión de preparación para las entrevistas.

No sé a que se refería pero….tenía mala pinta. ¿Qué había detrás de las palabras: sesión de preparación para las entrevistas? Fuera lo que fuese, tendría que esperar a mañana. 

domingo, 8 de julio de 2012

Otras fuentes para leerlo.

Http://www.potterfics.com con el nombre: "los juegos del hambre según peeta mellark", subida por miss mellark

Http://www.wattpad.com con el nombre "los juegos del hambre según Peeta Mellark", subida por missmellark_14

Capítuo 9.


La cena sucedió rápido y en tiempo record. Tan solo nos dedicamos a comer y a degustar cada una de las comidas que nos iban depositando delante de nuestra persona, sobre un mantel de color crema y con tres platos situados uno encima del otro, cinco cubiertos a cada lado de los platos y una copa con un líquido de color morado-granate que nos sirvieran antes de poder sentarnos. No sabía exactamente lo que era pero después de tomar el primer sorbo, el mundo med io vueltas, así que lo dejé. El primer plato consistía en un trozo de carne con una masa del color de la patata con una salsa de color marrón. El segundo era mas ligero para nosotros: una ensalada perfectamente aliñada a la que no le faltaba de nada. Y, el tercero era el postre, este si lo controlaba: cuadrado de crema relleno de dos tipos de chocolate (blanco y negro) y recubierta muy bien con azúcar grueso que le daba ese toque dulzón. Y, además, estaba decorado con dos cerezas a los lados. Personalmete, le habría puesto un poco  de caramelo en vez de la gran cantidad de azúcar que llevaba. Pero, al fin y al cabo, no estaba en una postura muy fácil para criticar la comida del Capitolio. ¡Cómo un ciudadano del 12 puede criticar nuestra comida! Después de una hora, nos levantamos de la gran mesa cuadrada y Effie nos comunicó que sería mejor descansar porque dentro de cuatro horas llegaríamos al Capitolio y sería un día bastante agotador.

<<Por lo menos para mí, o eso creo>>, pensé para mis adentros.

Me fui a mi habitación y me acosté en la cama e intenté dormir pero tenía los ojos abiertos como platos. Eso no era bueno. Volví a pensar de nuevo en mis nulas posibilidades para volver a casa sano, a salvo y con ayuda para mi distrito  y me asusté. Esos pensamientos no ayudaban a conciliar el sueño, la verdad. Me senté y medité sobre lo único que me hacía feliz en el mundo: cocinar. Elaboré mentalmente un brownie, pastel que se vendía mucho en la panadería y que tenía mucho éxito. Colocamos los ingredientes, los ponemos en distintos recipientes, y preparamos toda la cocina. Pasamos un paño por la cocina y por el lugar en el que vamos a trabajar. Mezclamos los ingredientes poco a poco, le adherimos el chocolate, y nos podemos permitir saborear un poco en nuestro paladar, y revolvemos con cuidado. Cuando ya sea una masa, lo ponemos en un recipiente cuadrado cuidadosamente y lo metemos en el horno. Esperamos a que espese y lo sacamos. Mmmmm qué bien huele! Era como si pudiese estar oliéndolo en ese preciso instante. Como era incapaz de conciliar el sueño, me levanté y me dí una ducho bastante larga para pasar el tiempo. Sin embargo, a pesar de lavarme a conciencia, el tiempo pasaba lento, segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora…. Tic Toc . Parecía como si el tiempo no quisiera avanzar para dejarme solo en esa habitación y que experimentase todos los momentos dolorosos que sucederían a partir de ahora muy detenidamente.

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Allí estaba. El Capitolio. Grande. Luminoso. Colorido. Alegre…. En el vagón estábamos Haymtich, Katniss y yo hablando sobre nuestras posibilidades y sobre como aumentarlas.

-Chicos, no hay muchas posibilidades para un distrito como el nuestro. Solamente podéis ser amables y caerles bien. No podéis hacer otra cosa.
-Pero yo no le caigo bien a nadie. -protestó Haymitch.

Estábamos desayunando y Haymitch iba a coger más alcohol hasta que Katniss cogió un cuchillo y se lo puso justo entre los dedos. Un centímetro más y le perforaba el hueso de la mano.

-Muy bien-aplaudió Haymitch- Yo de ti guardaba esa serie de movimientos para después.
-Vale, pero sigo sin caerle bien a la gente. No quiero caerles bien.-seguía reprochando Katniss.
-Aprende de él. Creo que ya lo entiende sin ningún tipo de problemas.

De repente, me señala y los dos miran para mí. Realmente yo estaba de espaldas mirando por a ventana como llegábamos a la estación y como muchos periodistas nos estaban esperando y sacando fotos mientras yo los saludaba. Estaba a gusto en ese preciso momento. Estaba como en casa. Como era yo o como solía ser. No me resultaba difícil ser amable con la gente ya que en la panadería había gente de todo tipo y de todos los comportamientos: desde gente humilde que te trataba con respeto hasta gente de la clase alta que te trataba con despecho, pasando por niños insolentes que se creían superiores por tener una pelota con la que jugar. Lo que no sabían era que tendrían que pasar por lo que el pasé el día de la cosecha y, tal vez, solo tal vez, lo que estaba pasando en ese momento.

Capítulo 8.


La sala está vacía excepto por el espacio que ocupan nuestros cuerpos. Entre Katniss y yo y Haymitch hay  una pequeña mesa bastante bajita en comparación con la altura de las sillas. Nosotros sentados  uno al lado de otro. Haymitch, al lado de una silla vacía. Cuando decide hablar, se vuelve hacia un buffet que tenemos detrás y abre una botella de un líquido que, por el olor, era más alcohol para su malgastado cuerpo. 

-Bueno… ¿Qué necesitamos saber para poder ganar?- pregunta Katniss sin rodeos.
-No tan deprisa.-en ese momento se dispone a darle otro sorbo a la botella y yo lo intento frenar. Digo frenar porque él, hábil como si estuviese sobrio, alza su pie y me empuja arrinconándome en el respaldo de mi silla,  dejándome entre su oloroso pie y el incómodo y duro respaldo. -¿Qué haces?
-Emmmm, nada. Solo intentar que dejes de beber.
-Vale. En vista del éxito de mi reunión me voy de nuevo a mi habitación. Ya nos reuniremos en otra ocasión.

Sale de la habitación y, en vista de que casi no se puede mantener en  pie, me ofrezco voluntario para darle un baño y acostarlo. En ese momento, notó que Katniss me mira como dándome las gracias ya que debía de ser muy horrible para ella tener que ver a Haymitch desnudo. Aunque tampoco era de mi agrado.

Acelero el paso al cruzar la puerta para poder alcanzarle. Lo cojo de un brazo para impedir que se caiga y él me da un codazo para que yo sea el que me aparte. Aún así, voy detrás de él por si acaso. Yo no sabía donde estaba su camarote así que no tenía muy claro hacia donde nos dirigíamos. Cuando se para delante de una puerta, creí que habíamos llegado pero, al parecer, solo quería vomitar los excesos del alcohol que había ingerido a lo largo del día. Ya casi era la hora de cenar y él ya estaba ebrio del todo. Avanzamos unas cuantas puertas más y, por fin, llegamos a su dormitorio. Era amplio, con una cama demasiado grande para una sola persona y dos mesillas, una a cado lado, adosando la cama. El cabecero era de madera y estaba construido a base de la superposición de grandes bloques de madera, que semejaban al pino. A los pies, una alfombra de color tierra y un pequeño baúl, supongo que para guardar el pijama o la ropa del día siguiente. El baño estaba en la parte izquierda de la habitación y nunca había visto nada igual: ducha empotrada con un montón de opciones y mandos, una alfombra que te secaba el cuerpo de inmediato con tan solo pisarla y un lavabo grande para colocar todos los utensilios necesarios para una buena higiene.  Todavía no sabía si la mía dispondría de tantos lujos porque aún no me habían dejado verla.

-¿Quieres que te ayude a darte un baño, Haymitch?-pregunto esperando la respuesta no.
-¿Te apetece verme desnudo, chico?
-…
-Pues entonces puedes retirarte.

Aunque la respuesta había sido la esperada, decidí quedarme sentado en la cama por si tenía laguna urgencia. Tardó exactamente quince minutos en darse el baño y no le sorprendió mucho mi presencia en a habitación, a juzgar por su pasividad a la hora de recoger su ropa situada encima de la cama y a mi lado. Por suerte para mi vista, estaba tapado con una toalla. Se volvió a meter en el baño y, antes de cerrar la puerta me dijo:

-Vete a comprobar donde está tu habitación y, luego, échate un rato antes de la cena. Lo vas a necesitar.

Al parecer sabia de lo que hablaba así que no me negué. Fui hacia un puesto que ponía: INFORMACIÓN y allí pregunté sobre mi habitación. Me dijeron que era la 1102, en el vagón 14. Me dirigí hasta allí. Cuando introduje la tarjeta  que hacía la función de llave abrí la puerta. Si creía que la habitación de Haymitch era grande, la mía era todavía más. Al entrar estaban una mesa de comedor con sus cuatro sillas y una alfombra bajo las enormes patas que la sostenían. No habían malgastado en nada para tan solo una noche que pasaríamos allí. Mi cama tenía sábanas de color verde y era todavía más grande que la que usaban mi madre y mi padre.  Las lámparas a los lados eran enormes y estaban situadas sobre una mesilla de caoba y de un color rojizo. Cuando vi el baño fue cuando más me sorprendí. Nunca había visto nada igual. Ni siquiera en la de Haymitch. Tenía una bañera, un plato de ducha, dos lavabos, un inodoro en color oro, un armario blanco y un cesto de color azul clarito. En el lavabo encontrabas un montón de cosas: jabón, champú, crema hidratante, peine, cepillo de dientes,… Y, tan solo el baño, ocupaba el mismo espacio que mi casa entera en el distrito 12. Me dispuse a darme un baño para relajarme después del día que quedaba a mis espaldas. Me introduje en agua caliente y estuve allí unos veinte minutos, sin exagerar, hasta que me quedé arrugado como una pasa. Me puse un pijama que estaba encima de mi cama y me dispuse a descansar los pocos minutos que me quedaban. Pensaba en cómo haría para ganar, cómo sería la cena de hoy, los temas de conversación, cómo conseguiría patrocinadores, qué habilidades usaría para impresionar a los Vigilantes, cómo ocultaría las que me interesaban, ….

Dejarme pensar tanto debería de estar prohibido. Al cabo de cinco minutos ya estaba nervioso y deseando que llegase ese momento. Personalmente prefería una flecha clavada directamente en el corazón, unas bayas venenosas que mataran al instante, una trampa mortal, un cuchillo instalado en mi corazón,….Todas muertes rápidas y, prácticamente, indoloras. Lo que menos quería sería seguir luchando, morir ahogado en el agua, torturado por los profesionales,….

En ese momento llamaron a la puerta. Eso impediría que dejase de pensar de ese modo tan obsesivo. Entró un mayordomo, o eso parecía, para avisarme de que la cena estaba lista y servida en la mesa. 

domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 7.


Ella me mira. Yo la miro. Miradas desesperadas por encontrar algún apoyo. Por descubrir otra alma desesperada, por huír de aquella pesadilla. Sus ojos grises y los míos azules se encuentran en el ascensor mientras ella me dice algo. Intento leerle los labios pero soy incapaz de separar la mirada de aquel océano de sensaciones y sentimientos: miedo, arrepentimiento, preocupación, nerviosismo, fuerza. Me pregunto que verá ella en los míos. Probablemente sería miedo, amor, tristeza,…  Todo era demasiado complicado para decírselo ahora. Pero encontraría el momento y el lugar apropiado….

Había atravesado ya todo el pasillo y estábamos en el interior del ascensor que desvelaba que estamos en la cuarta planta del Edificio de Justicia. Durante ese cruce de miradas, Effie explica el itinerario:

-Bueno… Comenzaremos por llevaros al tren y después os reuniréis con vuestro tutor. ¿Lo conocéis?-obviamente sabía que era el borracho que esa mañana se había tirado del escenario: Haymitch Abernathy. -No os preocupéis por lo que habéis presenciado esta mañana. No es nada.-Sabía que intentaba relajarnos, pero no funcionaba. En el distrito 12 ya tenía fama de ebrio. Era más probable que pasase lúcido 1 hora al día.- Llegaremos al tren en quince minutos después de coger el coche amarillo que está ahí- y señala una especie de taxi que no se dejaban ver en nuestro distrito por la falta de capital para poder usarlo. Era bastante amplio pero no creía que fuera tan rápido. Yo ya había ido una vez a la estación para despedir a mi abuelo la última vez que nos vino a visitar. La verdad es que a mi me había llevado unas dos horas llegar.

Atravesamos toda la plaza y allí estaba brillante y reluciente el coche encargado de trasladarnos. Dejé que se subieran primero las chicas y, por último, entré yo, de tal modo que Effie estaba situada en el medio y no me permitía ver la expresión de Katniss. A medida que nos alejábamos de mi antiguo hogar al que no volvería me saltaron las lágrimas. No podía evitarlo. Había vivido allí toda mi vida. Dejarlo de repente destinado a morir era lo peor que podría pasar. Y estaba pasando. Recordaba toda mi infancia recorriendo las calles mientras jugaba o saltaba con mis compañeros, los paseos a media mañana todos los domingos con mi padre, las visitas de mi abuelo, como íbamos a pescar un rato largo, los caminos que me llevaban a la escuela cada mañana, los vecinos que venían cada día a la panadería en busca de alimento, las veces que vi a Katniss abandonar su casa para ir a cazar, cuando iba con su vestido rojo de vuelta a casa después de un duro día de colegio,…. En ese momento, noto una mirada punzante que viene de mi lado derecho. Giro la cabeza y ahí está ella, observándome como si fuera la primera vez que me viera llorar, y probablemente lo era. Ella llevaba una coraza de seriedad y enfado que le podía pasar desapercibida a todo el mundo, a todo el mundo menos a mí. Sabía lo que sentía en esos momentos. ¿Quién le llevaría comida a su familia cuando ella no estuviera? Probablemente Gale, pensé yo. ¿Quién ayudará a Prim cuando tenga pesadillas todas las noches? Porque ahora iba a tenerlas todas y cada de una de las noches de su vida.

Avanzábamos bastante rápido para lo que yo estaba acostumbrado. Effie tenía razón: llegamos en quince minutos. Era increíble. Bajamos del taxi y unos pocos pasos después ya estábamos en frente de la puerta del tren. Como de costumbre, las dejé pasar primero. Una vez dentro, Effie nos llevó a un salón y nos dijo:

-En unos momentos llegará Haymitch. No os preocupéis si está un poco borracho. Me prometió dejarlo cuando comenzaran los Juegos. Y será ebrio pero nunca rompe sus promesas. Es un hombre de palabras. .se dio la vuelta y se marchó por donde había venido.

En ese momento, miré a Katniss.

-¿Conoces a Haymitch?-no obtuve respuesta. -Oye, yo tampoco deseé esto.
-Ahh, yo sí. -dijo en tono borde, tal y como la conocía. A veces me preguntaba que había visto en ella.-Lo siento. No te mereces que te hable así.-Ahora lo sabía.-Lo vi varias veces en el bar de Joe, ¿sabes dónde está? Al lado de la Aldea de los Vencedores.
-Sí. Lo recuerdo.
-Pero nada más. No sé como llegó a  ganar sus juegos.
-Antes no sería un borracho. Estoy preocupado  por como será en su papel de tutor. Tendrá que conseguir patrocinadores….

En ese mismo instante, entra dando tumbos en la habitación con una botella plateada en la mano. No me lo podía creer. ¡Está borracho! La que nos espera….