Seguían pasando los
días y, con ellos, las ganas de acabar con todo aquello de una vez. Quería
volver a mi casa, abrazar a mi padre, cocinar como siempre lo había hecho,
pasear por las calles con los compañeros de instituto,…. Quería volver a ser el
mismo de antes, el que nunca se preocupaba por nada y que andaba sonriendo cada
vez que alguien entraba en la panadería. Aquel que se peleaba con sus hermanos
cuando le cogían cualquier cosa de la habitación y aquel que no había hecho
daño ni a una mosca y que, ahora, tenía que hacerle frente a la idea de matar a
personas que, como yo, deseaban salir de allí con vida.
No estoy seguro de
cuantos días pasaron desde que llegamos al Capitolio aquel día mientas
desayunábamos. Recuerdo que llegamos y nos dirigimos hacia un gran edificio con
hermosos ventanales que dejaan pasar la luz del Sol que siempre brillaba en su
cielo azul. Lo que más me extrañó fue el modo en el que vestían a los
ciudadanos: con vistoso colores que desentonaban entre ellos, con peinados que
llegaban hasta el cielo y que demostraban cierto infantilismo por su parte,
unos zapatos lo suficientemente altos como para que, en el hipotético caso de
que yo mismo me los pusiera, me cayese en el primer paso.
La habitación estaba
en la planta 12, correspondiente a nuestro distrito, y me sorprendió gratamente
ver que también podían hacer cosas que no resultasen estrafalarias. Era enorme,
toda para nosotros cuatro: Effie, Haymitch, Katniss y yo. Al salir del ascensor
encontrabas un amplio salón con vistas a lo que parecía ser una plaza enorme
donde los ciudadanos pasaban la tarde, ya que ellos no trabajaban aunque
tampoco lo necesitaban. En el centro había una mesa grande para seis
comensales, sus platos, sus cubiertos, sus vasos,…. Al lado derecho, había un
sofá enorme con una mesa a los pies y una tele en frente. Al lado, una puerta
que levaba a la habitación de Katniss. Yo estba justo en la parte opuesta del
piso, junto a unas escaleras.
-Bueno, esto es lo
que os espera de un mes en adelante hasta que comiencen los Juegos.
Nos dejaron unos
minutos para pensar, los suficientes como para agobiarme y seguir pensando en
como ayudar a Katniss. Si algo tenía claro, era que la tenía que proteger
pasara lo que pasase. Al menos, tení que intentarlo. La primera opción sería
morirme yo y dejarle sitio a ella. Eso tenía más inconvenientes que ventajas.
Por un lado, no la podría proteger y, por otro, sería poco útil para conseguir
patrocinadores. La otra opción sería hacer un pacto con los patrocinadores,
algo no muy acertado ya que no podías hablar con ellos.
Durante esos días,
que soy incapaz de recordar su número, teníamos el mismo horario a lo largo de
los días: despertarse a las 6 de la mañana, desayunar pesado para aguantar
durante toda a mañana, entrenamiento con Haymitch para buscar un punto en
nuestra personalidad capaz de impresionar al público, comida menos pesada que
el desayuno, entrenamiento con Effie para controlar los modales, cenar ligero
para poder dormir y, po rúltimo, retirarse a los dormitorios e intentar dormis,
algo que era difícil de llevarse a cabo.
Durante las sesiones
de entrenamiento con Haymitch probamos todo tipo de personalidades: chico duro, valiente,
interesante, provocativo, cómico,… Pero eso no eran las características que me
describían. Así que optamos por ser yo mismo e impresionarlos con mi carisma y
mi actitud. Con Katniss fue bastante más difícil. No tenía ninguna buena
faceta, al menos para el resto del mundo. Probaron un montón y yo la veía
perfecta en cada uno de ellos. Sin embargo, a Haymitch no le convencían lo
suficiente como para dejarlo. Desde una
chica tímida a una extrovertida, pasando por sensual, cariñosa y apasionada. En
todos estaba perfecta para mí. Haymitch decidió que sería mejor dejarlo estar y
que fuera ella misma intentando no echar esa serie de miradas que se le notan
en la mirada cuando algo del Capitolio está cerca.
Aquellos días habían
sido agotadores. Además, habíamos conocido a nuestros respectivos diseñadores.
El de Katniss era un tal Cinna que siempre llevaba una raya de ojos de color
dorado. La mía era Portia, una mujer estilosa y elegante (tanto como se puede
esperar de gente que viste con colores estrafalarios
Y vistosos). Ese día
me dijo:
-Prepárate para lo
que se aproxima mañana: sesión de preparación para las entrevistas.
No sé a que se
refería pero….tenía mala pinta. ¿Qué había detrás de las palabras: sesión de
preparación para las entrevistas? Fuera lo que fuese, tendría que esperar a
mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario