La sala está vacía
excepto por el espacio que ocupan nuestros cuerpos. Entre Katniss y yo y
Haymitch hay una pequeña mesa bastante
bajita en comparación con la altura de las sillas. Nosotros sentados uno al lado de otro. Haymitch, al lado de una
silla vacía. Cuando decide hablar, se vuelve hacia un buffet que tenemos detrás
y abre una botella de un líquido que, por el olor, era más alcohol para su
malgastado cuerpo.
-Bueno… ¿Qué
necesitamos saber para poder ganar?- pregunta Katniss sin rodeos.
-No tan deprisa.-en
ese momento se dispone a darle otro sorbo a la botella y yo lo intento frenar.
Digo frenar porque él, hábil como si estuviese sobrio, alza su pie y me empuja
arrinconándome en el respaldo de mi silla,
dejándome entre su oloroso pie y el incómodo y duro respaldo. -¿Qué
haces?
-Emmmm, nada. Solo
intentar que dejes de beber.
-Vale. En vista del
éxito de mi reunión me voy de nuevo a mi habitación. Ya nos reuniremos en otra
ocasión.
Sale de la
habitación y, en vista de que casi no se puede mantener en pie, me ofrezco voluntario para darle un baño
y acostarlo. En ese momento, notó que Katniss me mira como dándome las gracias
ya que debía de ser muy horrible para ella tener que ver a Haymitch desnudo.
Aunque tampoco era de mi agrado.
Acelero el paso al
cruzar la puerta para poder alcanzarle. Lo cojo de un brazo para impedir que se
caiga y él me da un codazo para que yo sea el que me aparte. Aún así, voy
detrás de él por si acaso. Yo no sabía donde estaba su camarote así que no
tenía muy claro hacia donde nos dirigíamos. Cuando se para delante de una
puerta, creí que habíamos llegado pero, al parecer, solo quería vomitar los
excesos del alcohol que había ingerido a lo largo del día. Ya casi era la hora
de cenar y él ya estaba ebrio del todo. Avanzamos unas cuantas puertas más y,
por fin, llegamos a su dormitorio. Era amplio, con una cama demasiado grande
para una sola persona y dos mesillas, una a cado lado, adosando la cama. El
cabecero era de madera y estaba construido a base de la superposición de
grandes bloques de madera, que semejaban al pino. A los pies, una alfombra de
color tierra y un pequeño baúl, supongo que para guardar el pijama o la ropa
del día siguiente. El baño estaba en la parte izquierda de la habitación y
nunca había visto nada igual: ducha empotrada con un montón de opciones y
mandos, una alfombra que te secaba el cuerpo de inmediato con tan solo pisarla
y un lavabo grande para colocar todos los utensilios necesarios para una buena
higiene. Todavía no sabía si la mía
dispondría de tantos lujos porque aún no me habían dejado verla.
-¿Quieres que te
ayude a darte un baño, Haymitch?-pregunto esperando la respuesta no.
-¿Te apetece verme
desnudo, chico?
-…
-Pues entonces
puedes retirarte.
Aunque la respuesta
había sido la esperada, decidí quedarme sentado en la cama por si tenía laguna
urgencia. Tardó exactamente quince minutos en darse el baño y no le sorprendió
mucho mi presencia en a habitación, a juzgar por su pasividad a la hora de recoger
su ropa situada encima de la cama y a mi lado. Por suerte para mi vista, estaba
tapado con una toalla. Se volvió a meter en el baño y, antes de cerrar la
puerta me dijo:
-Vete a comprobar
donde está tu habitación y, luego, échate un rato antes de la cena. Lo vas a
necesitar.
Al parecer sabia de
lo que hablaba así que no me negué. Fui hacia un puesto que ponía: INFORMACIÓN
y allí pregunté sobre mi habitación. Me dijeron que era la 1102, en el vagón
14. Me dirigí hasta allí. Cuando introduje la tarjeta que hacía la función de llave abrí la puerta.
Si creía que la habitación de Haymitch era grande, la mía era todavía más. Al
entrar estaban una mesa de comedor con sus cuatro sillas y una alfombra bajo
las enormes patas que la sostenían. No habían malgastado en nada para tan solo
una noche que pasaríamos allí. Mi cama tenía sábanas de color verde y era
todavía más grande que la que usaban mi madre y mi padre. Las lámparas a los lados eran enormes y
estaban situadas sobre una mesilla de caoba y de un color rojizo. Cuando vi el
baño fue cuando más me sorprendí. Nunca había visto nada igual. Ni siquiera en
la de Haymitch. Tenía una bañera, un plato de ducha, dos lavabos, un inodoro en
color oro, un armario blanco y un cesto de color azul clarito. En el lavabo
encontrabas un montón de cosas: jabón, champú, crema hidratante, peine, cepillo
de dientes,… Y, tan solo el baño, ocupaba el mismo espacio que mi casa entera
en el distrito 12. Me dispuse a darme un baño para relajarme después del día
que quedaba a mis espaldas. Me introduje en agua caliente y estuve allí unos
veinte minutos, sin exagerar, hasta que me quedé arrugado como una pasa. Me
puse un pijama que estaba encima de mi cama y me dispuse a descansar los pocos
minutos que me quedaban. Pensaba en cómo haría para ganar, cómo sería la cena
de hoy, los temas de conversación, cómo conseguiría patrocinadores, qué
habilidades usaría para impresionar a los Vigilantes, cómo ocultaría las que me
interesaban, ….
Dejarme pensar tanto
debería de estar prohibido. Al cabo de cinco minutos ya estaba nervioso y
deseando que llegase ese momento. Personalmente prefería una flecha clavada
directamente en el corazón, unas bayas venenosas que mataran al instante, una
trampa mortal, un cuchillo instalado en mi corazón,….Todas muertes rápidas y,
prácticamente, indoloras. Lo que menos quería sería seguir luchando, morir
ahogado en el agua, torturado por los profesionales,….
En ese momento
llamaron a la puerta. Eso impediría que dejase de pensar de ese modo tan
obsesivo. Entró un mayordomo, o eso parecía, para avisarme de que la cena
estaba lista y servida en la mesa.
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