domingo, 8 de julio de 2012

Capítulo 8.


La sala está vacía excepto por el espacio que ocupan nuestros cuerpos. Entre Katniss y yo y Haymitch hay  una pequeña mesa bastante bajita en comparación con la altura de las sillas. Nosotros sentados  uno al lado de otro. Haymitch, al lado de una silla vacía. Cuando decide hablar, se vuelve hacia un buffet que tenemos detrás y abre una botella de un líquido que, por el olor, era más alcohol para su malgastado cuerpo. 

-Bueno… ¿Qué necesitamos saber para poder ganar?- pregunta Katniss sin rodeos.
-No tan deprisa.-en ese momento se dispone a darle otro sorbo a la botella y yo lo intento frenar. Digo frenar porque él, hábil como si estuviese sobrio, alza su pie y me empuja arrinconándome en el respaldo de mi silla,  dejándome entre su oloroso pie y el incómodo y duro respaldo. -¿Qué haces?
-Emmmm, nada. Solo intentar que dejes de beber.
-Vale. En vista del éxito de mi reunión me voy de nuevo a mi habitación. Ya nos reuniremos en otra ocasión.

Sale de la habitación y, en vista de que casi no se puede mantener en  pie, me ofrezco voluntario para darle un baño y acostarlo. En ese momento, notó que Katniss me mira como dándome las gracias ya que debía de ser muy horrible para ella tener que ver a Haymitch desnudo. Aunque tampoco era de mi agrado.

Acelero el paso al cruzar la puerta para poder alcanzarle. Lo cojo de un brazo para impedir que se caiga y él me da un codazo para que yo sea el que me aparte. Aún así, voy detrás de él por si acaso. Yo no sabía donde estaba su camarote así que no tenía muy claro hacia donde nos dirigíamos. Cuando se para delante de una puerta, creí que habíamos llegado pero, al parecer, solo quería vomitar los excesos del alcohol que había ingerido a lo largo del día. Ya casi era la hora de cenar y él ya estaba ebrio del todo. Avanzamos unas cuantas puertas más y, por fin, llegamos a su dormitorio. Era amplio, con una cama demasiado grande para una sola persona y dos mesillas, una a cado lado, adosando la cama. El cabecero era de madera y estaba construido a base de la superposición de grandes bloques de madera, que semejaban al pino. A los pies, una alfombra de color tierra y un pequeño baúl, supongo que para guardar el pijama o la ropa del día siguiente. El baño estaba en la parte izquierda de la habitación y nunca había visto nada igual: ducha empotrada con un montón de opciones y mandos, una alfombra que te secaba el cuerpo de inmediato con tan solo pisarla y un lavabo grande para colocar todos los utensilios necesarios para una buena higiene.  Todavía no sabía si la mía dispondría de tantos lujos porque aún no me habían dejado verla.

-¿Quieres que te ayude a darte un baño, Haymitch?-pregunto esperando la respuesta no.
-¿Te apetece verme desnudo, chico?
-…
-Pues entonces puedes retirarte.

Aunque la respuesta había sido la esperada, decidí quedarme sentado en la cama por si tenía laguna urgencia. Tardó exactamente quince minutos en darse el baño y no le sorprendió mucho mi presencia en a habitación, a juzgar por su pasividad a la hora de recoger su ropa situada encima de la cama y a mi lado. Por suerte para mi vista, estaba tapado con una toalla. Se volvió a meter en el baño y, antes de cerrar la puerta me dijo:

-Vete a comprobar donde está tu habitación y, luego, échate un rato antes de la cena. Lo vas a necesitar.

Al parecer sabia de lo que hablaba así que no me negué. Fui hacia un puesto que ponía: INFORMACIÓN y allí pregunté sobre mi habitación. Me dijeron que era la 1102, en el vagón 14. Me dirigí hasta allí. Cuando introduje la tarjeta  que hacía la función de llave abrí la puerta. Si creía que la habitación de Haymitch era grande, la mía era todavía más. Al entrar estaban una mesa de comedor con sus cuatro sillas y una alfombra bajo las enormes patas que la sostenían. No habían malgastado en nada para tan solo una noche que pasaríamos allí. Mi cama tenía sábanas de color verde y era todavía más grande que la que usaban mi madre y mi padre.  Las lámparas a los lados eran enormes y estaban situadas sobre una mesilla de caoba y de un color rojizo. Cuando vi el baño fue cuando más me sorprendí. Nunca había visto nada igual. Ni siquiera en la de Haymitch. Tenía una bañera, un plato de ducha, dos lavabos, un inodoro en color oro, un armario blanco y un cesto de color azul clarito. En el lavabo encontrabas un montón de cosas: jabón, champú, crema hidratante, peine, cepillo de dientes,… Y, tan solo el baño, ocupaba el mismo espacio que mi casa entera en el distrito 12. Me dispuse a darme un baño para relajarme después del día que quedaba a mis espaldas. Me introduje en agua caliente y estuve allí unos veinte minutos, sin exagerar, hasta que me quedé arrugado como una pasa. Me puse un pijama que estaba encima de mi cama y me dispuse a descansar los pocos minutos que me quedaban. Pensaba en cómo haría para ganar, cómo sería la cena de hoy, los temas de conversación, cómo conseguiría patrocinadores, qué habilidades usaría para impresionar a los Vigilantes, cómo ocultaría las que me interesaban, ….

Dejarme pensar tanto debería de estar prohibido. Al cabo de cinco minutos ya estaba nervioso y deseando que llegase ese momento. Personalmente prefería una flecha clavada directamente en el corazón, unas bayas venenosas que mataran al instante, una trampa mortal, un cuchillo instalado en mi corazón,….Todas muertes rápidas y, prácticamente, indoloras. Lo que menos quería sería seguir luchando, morir ahogado en el agua, torturado por los profesionales,….

En ese momento llamaron a la puerta. Eso impediría que dejase de pensar de ese modo tan obsesivo. Entró un mayordomo, o eso parecía, para avisarme de que la cena estaba lista y servida en la mesa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario