viernes, 1 de marzo de 2013

Capítulo 19.


Cuando nos despertamos, sabía que había dormido poco por culpa del dolor pero no sabía realmente cuanto tiempo había pasado. Pude levantar un poco la cabeza para mirar cuanta luz entraba por el agujero de la cueva, que nosotros llamábamos "puerta". Traté de no despertar a Katniss pero fue imposible. Siempre está alerta y, con cualquier movimiento o ruido, se despierta de un salto y coge las flechas que tiene escondidas debajo de su manta. En milésimas de segundo estaba de pie junto a mi y con el arco apuntando a la puerta. Cuando por fin se dio cuenta de que el del ruido había sido yo, se calmó más. Nos volvimos a echar la pomada y salimos fuera para acabar con esto ya. El sol era demasiado fuerte pero no sabíamos si estábamos a medio día ya que los Vigilantes podían manejar los cambios meteorológicos. Decidimos mojarnos un poco en el río de al lado para refrescarnos y llenas las cantimploras. En unos cinco minutos aproximadamente habíamos acabado y nos habíamos puesto en marcha. Llegamos a un descampado y nos encontramos con una chaqueta en el suelo que tenía vayas encima. En ese momento escuchamos unos ruidos detrás de nosotros. Por la rapidez de sus movimientos y su escaso volumen, supusimos que era la Comadreja pero preferíamos no darnos la vuelta para comprobarlo.
Cogí unas pocas vayas de la chaqueta sin que Katniss se diera cuenta por si las necesitáramos mas adelante. En el momento en el que me las iba a meter en la boca, Katniss me dio un golpe en la cabeza que no hizo escupir la única vaya que había entrado en mi boca.

-¡¡SON VAYAS VENENOSAS, PEETA!!¿¿ERES IDIOTA?? ¡¡PODRÍAS ESTAR MUERTO!!- y me abrazó. No fue un abrazo en vano. Realmente estaba preocupada por que me pasar algo.
Yo no pude decir nada porque me quedé petrificado allí mismo ante la visión de que podría estar muerto por comer unas simples vayas. Siempre había supuesto que mi muerte en los Juegos habría sido en manos de otro tributo pero no de vayas. ¡Menos mal que tenía a Katniss!

Sonó un cañonazo que suponía la muerte otro tributo. ¿Quiñen sería? Solo quedábamos cuatro y, con este tributo menos, tres: Katniss, yo y Cato o la Comadreja. Por un momento rezamos por que fuera Cato ya que con él no teníamos tantas probabilidades de salir con vida. Así que deseamos que fuera Comadreja, de una forma muy egoísta. No sabíamos quien había sido, solo que tendríamos que luchar contra otro tributo para calor con vida de ahí.

Seguimos andando y, de repente, se hizo de noche. Estaba claro que era otra artimaña de los Vigilantes para que los Juegos acabaran cuanto antes. Para ello, nos reunirían en cualquier parte. Mientras los dos nos esforzábamos para distinguir algo en la oscuridad, escuchamos de cerca los ladridos de perros. Corrimos lo mas que pudimos cuando uno salió justo del arbusto que estaba al lado de nosotros. Decidimos ir al Campamento y subirnos allí arriba para liberarnos de ellos, esperando que mataran al tributo que quedaba. Eso suponía que nos tendríamos que matar entre nosotros dos, algo que me asustó todavía mas porque sabia que n seria capaz de causarle ningún daño a Katniss. Cuando nos fijamos mas en los "perros" nos dimos cuenta de que eran perros con la cara de todos los tributos muertos: la Comadreja, Rue, …. Alguien estaba gritando y, al escuchar la voz sabíamos que no se trataba de la Comadreja, era demasiado varonil. ¡Mierda! Pensé. Por otra parte me gustaba la idea de luchar contra él, aunqeu tenía todas las de perder. Subió y dijo:
-Aquí están los tristes amantes de los Juegos del Hambre!

Nos quedamos quietos como piedras y pudimos ver que estaba hecho polvo con la cara ensangrentada y michas cicatrices en sus brazos.

-¿Qué quieres?- salió de la boca de Katniss.
-¿Cómo lo hacemos?¿A quien de los dos preferís que mate primero?

En ese momento de tensión, me cogió del brazo y comenzamos a pelear. Logré darle varios puñetazos pero él también a mi, así que… Cuando le bajé la cabeza para que pudiera ver a los animales, el me gritó:
-¡NI SE TE OCURRE MELLARK!

Sabía que iba a morir porque se me estaba cansando en brazo y, en ese momento, me cogió del cuello mientras Katniss cogía el arco con sus flechas. Tenía miedo a disparar a Cato porque su cabeza estaba pegada a la mía y estaba demasiado oscuro para distinguirnos con claridad. Hasta que se me ocurrió una idea fantástica, Fue cuando le hice una cruz con mi dedo índice en la mano que Cato tenía en mi cuello con la corazonada de que Katniss lo viera. Y, así fue como enfundó las flechas y disparó mientras Cato decía:
-¿Quién es ahora el vencedor, eh?¿Tu o ….

Ante el dolor, cayó al suelo donde unos "perros" hambrientos estaban esperando su comida. Fue horrible escuchar sus gritos mientras estos mordían todo su cuerpo. Es algo qe nunca me quitaré de la cabeza.

Justo en ese momento, se hizo de día y nos pudimos dar un abrazo mientras observábamos como nuestros rostros expresaban alivio y preocupación. Gracias a que no había sacado dos vayas del bolsillo cuando las empecé a comer, aun la conservaba.

-Katniss, yo me comeré las vayas para que tú puedas volver a casa.
-No quiero irme sin ti.-esta frase me sorprendió porque no sabia que lo importara tanto- Nos tomaremos uno cada uno y así este año no habrá ganadores.
-Me parece bien- dije mientras le tocaba la trenza con mucha suavidad.

En ese momento, sonó la voz de Snow:

-¡¡DAR LA ENHORABUENA A LOS NUEVOS GANADORES DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE!!

Sabíamos que esto no había hecho mas que empezar. Era la gota que poco a poco colmaría el vaso. Nos vinieron a recoger y nos separaron para prepararnos para la entrevista final con Caesar Flickerman. Pasamos de nuevo por todo el proceso del principio y tuvimos nuestra entrevista donde reconocimos que nos queríamos y que nos íbamos a vivir al distrito 12. Cuando estuvimos de vuelta, todo había cambiado: todo el distrito estaba orgulloso de que hubiéramos ganado los dos. Todo el mundo gritaba nuestros nombres por las calles como si fuéramos héroes y, lo único que éramos eran asesinos. Pero, además, éramos los VENCEDORES DE LOS SEPTUAGÉSIMO SEXTOS JUEGOS DEL HAMBRE.

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